No resulta raro oír o leer palabras negativas dedicadas a aquellos que tienen éxito en nuestro país. El ser humano es extraño: si alguien no triunfa se lamenta de que, mereciéndolo, no lo haya logrado, pero si se está ante el caso contrario, tanto éxito perjudica y surgen voces en contra de que tu nombre sea tan recurrente. 

Hace unos años, allá por el no tan lejano 2011, la actriz Natalie Portman ganaba el Oscar a la mejor intérprete por Cisne negro y juntaba a ese estreno I´m still here, Sin compromiso, Caballeros, princesas y otras bestias y Thor en el mismo período de tiempo. Portman afirmó que tras tanto rodaje se iba a tomar un año sabático y sus fans lo sintieron a pesar de que no todas estas películas fueran tan buenas como cabría esperar de la ganadora de una de las estatuillas más importantes de la noche de los Oscar.

Porque las estrellas del Cine también son personas que se equivocan eligiendo proyectos.

Lo que ocurre es que parece que a unos se les perdona más que a otros. En España es más complicado que un desliz pase desapercibido cuando el taquillazo ha planeado sobre una película, y da la casualidad de que Dani Rovira estrenó en 2015 dos cintas que fueron catapultadas al número 1 del box office patrio: Ahora o nunca, a mediados de año, y Ocho apellidos catalanes cuando éste ya finalizaba. Ni una ni otra entusiasmaron pero las dos celebraron cifras que contradecían el dato, y por si fuera poco, Dani iba a repetir como maestro de ceremonias en los Goya, premios que había liderado con brillantez en su edición anterior.

Pero ni siquiera en eso tuvo el respaldo del público que lo aplaudió en 2015. Las críticas en Twitter fueron totalmente demoledoras y Rovira manifestó su desagrado al respecto afirmando que no le había valido la pena presentarlos.

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No estuvo tan sobresaliente como en su primer intento pero tampoco fue como para recibir desprecio. Encontrar el término medio es más difícil de lo que parece.

Al margen de las críticas, el actor sigue trabajando. Es un valor seguro en la taquilla, hasta que se demuestre lo contrario, y por lo tanto, le llueven las ofertas. Actualmente está rodando 100 metros, la historia real de un hombre que fue diagnosticado de esclerosis múltiple y llegó un momento en que no podía caminar ni la distancia a la que hace referencia el título. 

Por otro lado, también le espera la adaptación del cómic Superlópez creado por Juan López Fernández, Jan, allá por la década de los 70. Una vez más, Twitter ha arremetido contra su ubicuidad, pero lo cierto es que la idea es todo un acierto: en tiempos en que los superhéroes copan las pantallas, España también puede hacer uso de los suyos, y si el equipo responsable de la estupenda Anacleto: Agente secreto está también detrás de ésta, al menos démosle la oportunidad que se les da a tantas otras, caso de Deadpool, en la que por cierto, no muchos confiaban.

Resulta paradójico observar cómo el Cine español es denostado por la creencia de que sus temáticas se centran en la guerra civil, pero cuando se mira hacia los cómics, que tanta aceptación suelen tener por parte de sus lectores, tampoco resulta ser la elección válida para recibir el aplauso previo que otros proyectos de adaptaciones del género tienen si vienen de Estados Unidos. Aunque luego decepcionen. Dani hace bien en aceptar el proyecto. Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo o Zipi y Zape y el Club de la Canica, además del ya citado Anacleto: Agente secreto, como ejemplos previos, son buena muestra de ello.