Antes de que usted, como lector, siga leyendo estas líneas, quiero dejar bien claro que esto es tan solo una opinión, pues así es como figura en la sección correspondiente.

A fecha de hoy, y aunque los sucesos hayan tenido lugar ya hace algunos días, España entera se ha levantado conmocionada por una terrible noticia. Diego, un chico de tan solo 11 años de edad, ha acabado con su vida lanzándose por la ventana de su domicilio en Madrid, la causa, abuso escolar por parte de sus “compañeros” de clase.

La madre del chico, encontró una nota en el alféizar de la ventana que decía: “Mira en Lucho”, refiriéndose a su muñeco preferido de la serie de “Los Loonies”.

Allí, encontraría una nota, la cual, se puede encontrar en la web de “El Mundo” a fecha 20 de enero del 2016.

¿Nos están contando toda la verdad?

No soy quién para dar un veredicto sobre un tema tan reciente y delicado como este, pero si que soy libre en parte, para opinar, pues hay cosas realmente extrañas.

Podemos observar, como la nota y su contenido alardean de tener una ortografía y un vocablo perfecto, algo que resulta imposible en un niño de tan solo 11 años de edad. Tan siquiera un tachón, ni  el menor síntoma de nerviosismo al escribir la carta. Si nosotros, los que escribimos en esta plataforma o en cualquier medio de comunicación, nos vemos obligados a revisar una y otra vez nuestra ortografía y aun así, se nos escapan muchas erratas, imaginaros un chaval que no acabado tan siquiera su formación básica que para colmo, la escribe a mano.

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Este caso parece ser uno más de aquellos que tiene una “mano negra”, pues recordemos que, los mismos padres comunicaron que durante el velatorio, la policía entro para realizar pruebas al cuerpo para ver si este “había sido sometido algún tipo de agresión sexual”. Pruebas que por cierto, jamás han salido a la luz.

No olvidemos también, que justamente en el colegio donde estudiaba Diego, se han producido más casos de abuso escolar. Tenemos el ejemplo de una niña, la cual, confeso a los medios de comunicación que “Las monjas y curas no hacían nada respecto a mi abuso, ya que de ese modo, decían, que me volvería más fuerte”.

Una vez más, un caso de bullyng acaba con la vida no solo de un inocente, sino con la de una familia entera que permanece rota por el dolor. Los culpables, en libertad, y los que realmente saben al cien por cien lo que ocurrió, permanecen mudos.