The Hateful 8”, la más reciente película de Quentin Tarantino, es un western que continúa, en grado superlativo, las obsesiones recurrentes en los anteriores trabajos del director norteamericano: una excesiva violencia; una fotografía que intensifica el color, el cual es utilizado de forma magistral; diálogos sin mucho sentido, sobre todo en las escenas de mucha tensión; en fin, una dirección técnica fuera de serie, acompañada de un guión, escrito por el propio director, muy inteligente y posmoderno, es decir, que se apropia de películas, diálogos, escenas, incluso obras literarias que le antecedieron, amalgamando todo eso en algo que no tiene la pretensión de ser nuevo, aunque sí único.

Lo más parecido a lo que hace Tarantino puede hallarse en el nuevo #Cine coreano, por lo menos el que nos ha llegado hasta esta parte del mundo, repleto de sangre, de situaciones originales y del predominio de algo que podríamos llamar el estilo, la factura técnica, el pulso narrativo.

Ahora que hemos aclarado esto, debo reconocer que el problema de Tarantino, un director que le gusta mucho sobre todo a los jóvenes a los que de verdad les interesa el cine como forma de arte, es su carencia de profundidad. La belleza indiscutible de sus imágenes, la maestría técnica, las actuaciones inolvidables, chocan con la ligereza y el desapego emocional que transmiten sus películas. Nos parece que hay otro director con el que podríamos comparar a Tarantino, en el sentido de que también en él existe este predominio del estilo visual: Pedro Almodóvar. No estoy comparando los estilos de Tarantino y Almodóvar, sino que en ambos el estilo sobresale por encima del contenido.

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Pero Almodóvar reivindicó su condición de gran director con películas como “Todo Sobre Mi Madre” y “Hable Con Ella”, cintas profundísimas en las cuales prevalecía la historia, el estudio de la naturaleza humana sin sacrificar su estilo, su personalidad, sino más bien adecuándola a la profundidad de la obra.

Si Tarantino no se decide a moverse hacia historias más profundas, más humanas, aunque sin sacrificar su propio estilo ni su potente personalidad, tendremos muy pronto su próximo western coreano, pero habrá perdido completamente el interés para nosotros. Aunque lo sigan alabando desmesuradamente la crítica, sobre todo la de su país, y los jóvenes cinéfilos, que algún día también envejecerán y entenderán lo que queremos decir.