En la actualidad, existen y son conocidas las amplias diferencias sociales entre los países desarrollados con tecnologías y "los que no" o "subdesarrollados". Sabemos que están ahí, pero hemos aprendido a convivir con ellas, sin que recaiga sobre nuestra conciencia. A nadie le importa que una familia de Nigeria  muera por falta de agua o por enfermedades como la malaria. Pero me arriesgo más aún: a la gente no le importa que una señora de 75 años de un barrio de Pinto, Madrid, sea desahuciada de su hogar por no poder pagar la hipoteca, a pesar de que ella no tenga ingresos. Señoras y señores, no estamos insensibilizando; nos bombardean con noticias devastadoras, dolorosas: miles de fallecidos, niños muertos, familias expulsadas de su propio país, gente sufriendo, etc.

Y nosotros lo vemos mientras comemos/cenamos sin ningún tipo de malestar, simplemente ahí, viendo como nuestro mundo se desmorona levemente. 

El problema reside en que nos están adoctrinando, los gobiernos y los grandes lobbies nos están convirtiendo en sus súbditos, utilizando las mismas estrategias que se utilizaban en el medievo: nos atemorizan, con el miedo en el cuerpo todos añoramos las protección y seguridad de un estado autoritario, porque "nos defiende". En vez de convivir como ciudadanos en un estado de democracia, estamos cumpliendo la función de súbditos, de trabajadores sin nada más en la cabeza que el salario para sobrevivir. Y sí, el monarca absoluto en este caso son las grandes empresas, que reciben los beneficios del trabajo de las clases bajas. Como se ha sabido recientemente, el 1% de la población posee la misma riqueza que el 99%restante.

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Dejando de lado las exageraciones, las verdaderas cifras siguen siendo escandalosas, pues nada más que el 0'7% de la población tiene más que el 71% (datos mostrados en la pirámide de la fotografía). Esta clasificación me recuerda a una época anterior, en la que las clases altas (a penas un 10% del total) obtenían todos los beneficios producidos por las clases bajas (aprox. Un 90% del total), contentándose estas con lo justo, pero escaso, para la supervivencia.

¿Cómo es posible que hayan pasado tantos siglos y que la situación no haya cambiado?¿seguimos anclados en la Edad Media?¿qué hace falta para solucionar esto? Son preguntas que deberíamos plantear a las altas esferas, pero que deberíamos responder nosotros, la población rasa, que tocamos el suelo con los pies y no ellos, que caminan sobre nosotros tratando de aplastarnos.

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