La ley 1/2004 ha sido criticada por ciertos sectores populares que la tachan de injusta y desigual.

Los comentarios son variados, y muchos habremos escuchado (o esgrimido) alguno de ellos; que la mujer goza de privilegios excesivos; que muchas de las denuncias son falsas; que “no preguntan antes de meter al calabozo a un inocente y luego no había pasado”. Todos esos comentarios que campan a sus anchas por los círculos de discusión distan mucho de aproximarse a la realidad del tema.

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Cierto es que la mujer goza de privilegios con esta regulación legal. Y cierto es que la mujer merece esa discriminación positiva respecto al hombre. La violencia generacional se efectúa cuando se observa que alguien no cumple el rol que le corresponde y se pretende mediante la violencia, conseguir la sumisión de esa persona que se aleja de lo que nosotros creemos que debe ser su puesto.

Esto ha sucedido a lo largo de la historia muchísimo más frente al género femenino que frente al masculino; el estereotipo machista concibe la sumisión de la mujer como necesario para establecerse y la sociedad patriarcal como modelo extendido de convivencia en la que vivimos lo avala.

Falso es que muchas de las denuncias en materia de Violencia de género sean falsas, y los investigadores en materia de delincuencia están hartos de repetirlo. Las denuncias falsas en violencia de género no alcanzan siquiera ¡el 1% por ciento! de los procedimientos abiertos en los últimos años. El problema es por tanto un problema de falta de cultura y no de denuncias falsas (lo cual, permitiéndome opinar, creo que tiene consecuencias más graves).

Por último (podríamos extendernos en tópicos), es cierto que los detenidos son llevados a las dependencias policiales en vista a ser o no puestos a disposición judicial.

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Y ya está. Si no hay indicios de delito quedarás libre, si lo hay se abrirá un proceso, y esto sucede en todo delito. Es cuanto menos curioso que tal sandez se esgrime sólo en violencia de género.

Sí, te llevan "sin preguntar" al igual que te llevarán si en una reyerta lesionas a alguien, y qué decir que la presunción de inocencia se cumple en absolutamente todos los casos, sea el delito que sea. No he oído tales comentarios en asesinatos o robos de bancos, pero sí los oigo todos los días en maltrato de género; ello deja claro que una parte de la sociedad todavía no se encuentra preparada para que las mujeres sean protegidas por la ley porque, digámoslo claro, no quiere que las mujeres sean protegidas por la ley.

La ley de violencia de género no es una ley que discrimine al hombre, es una ley que privilegia a la mujer que es la que en muchísima mayor medida se encuentra aquejada por esta lacra social que llevamos soportando siglos. Cualquier persona con un poco de empatía y sentido de la justicia alabaría una ley que tuviera por objeto proteger a un colectivo que ha sido vejado de la manera tan violenta y organizada como lo ha sido el género femenino.

Dejemos de decir estupideces; el privilegio es aquello que goza de un estatus especial debido a sus circunstancias y las de la violencia de género y su mayor incidencia frente a la mujer son circunstancias cuya verificación empírica y real deberíamos haber aceptado todos hace ya mucho tiempo.