Decía un profesor mío que no existe nadie totalmente objetivo, pero que por encima de todo debe primar la honestidad. En los tiempos políticos actuales muchos periodistas parecen haber olvidado algo tan elemental como es el respeto. En una sociedad tan plural como la española es obvio que existan diferencias ideológicas, culturales e incluso diferencias en la forma de concebir la actualidad. La evolución social que estamos viviendo parece haber cogido a muchos medios en general y periodistas en concreto con el “pie cambiado”.

      El otro día se vivió una cabalgata en Valencia donde se presentaban tres reinas magas.

La verdad es que siendo lo más honesto posible debo reconocer que es algo que estaba fuera de lugar. Si es una cabalgata en conmemoración de la república tildar a las protagonistas de reinas es algo un tanto raro. Pero más allá de si fue correcto o no, coherente o no e incluso si fue apropiado  o no, algo en lo que no entraré a juzgar pues cada persona individual tiene percepción propia, se sobrepasaron ciertos límites en algunas críticas.

     Fue el propio Alfonso Rojo en su medio de comunicación quien las calificó como “parecen prostitutas de un western pero son las reinas magas de Ribó”. Imagino que más allá de si se apoya o no, si se considera apropiado o no esa cabalgata, la ideología no debería superar la educación. Imagino que esas mujeres tendrán familia, familia a la que no se le habrá hecho mucha gracia ver esos calificativos en un medio.

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Tan acostumbrado a dar lecciones de moral en las tertulias, de las que todavía no lo han despedido por declaraciones inapropiadas, resulta que su educación por muy privada y católica que fuese parece haberse perdido con el devenir el tiempo. Querido Alfonso Rojo no se puede pedir respeto cuando no se tiene hacia los demás.

     La siguiente figura es la de Antonio Burgos conocido por sus ideales retrógrados y cercanos a los de otra época es otro de los que apoyó la tesis de Alfonso Rojo. En este caso ha llegado un poco más lejos y se ha dedicado a juzgar el aspecto físico de las líderes de las CUP y de Bildu.

    Es cierto que vivimos una situación política diferente, novedosa y parece que algunos no acaban de aceptar que la sociedad está cambiando y sobre todo que se está volviendo plural y diversa. Esto conlleva a que “periodistas” como los mencionados dejen de hacer oposición ideológica con argumentos políticos y simplemente ataquen a la persona como individuo y las juzgue por su aspecto físico.

No entrando en si son guapas o no las líderes de las CUP o de Bildu, para eso están los portentos físicos y guapos de la caverna mediática, es cierto que ideológicamente comparte un entre un 0 y un 2 % de su ideología, pero eso no me llevaría jamás a juzgarlas por su aspecto físico, pues el físico no afecta a la faceta política de cada uno.

     Cuando se habla de la lucha por la igualdad, donde en muchas tertulias ambos protagonistas se consideran defensores de la igualdad, este tipo de artículos y comentarios muestran el machismo profundo existente en la caverna. Lo rancio siempre acaba oliendo mal, como muchos artículos rancios y anacrónicos, pero eso sí siempre bien pagados.