La más superflua lectura de la historia contemporánea de España nos permite llegar a la conclusión de que en este país el concepto de “orgullo nacional” brilla por su ausencia. Es más, destaca por llevar a autocrítica al máximo hasta el punto de negar su propia existencia. Y yo me pregunto ¿por qué?

Hoy quisiera reflexionar sobre el que tal vez sea uno de los motivos más evidentes del fracaso en la conformación de un sentimiento de nación común al conjunto de la sociedad; esto es la politización que ha sufrido el término. Es más ha de decirse que ni aún en la actualidad ha dejado de emplearse la manipulación a la hora de tratar dicho tema en muchos de los discursos que jalonan la vida pública; manipulación que obedece con frecuencia a la necesidad de captación de votos o de distracción de la ciudadanía de asuntos más acuciantes.

Sin embargo el caso más destacado de politización y el que más influencia mantiene aún hoy en la idea de España de ciertos círculos ciudadanos ha sido la realizada por parte del franquismo como justificación ideológica de la dictadura. El hartazgo de la población respecto a esta podría remitirnos a las causas del posible repliegue que en los últimos años se está produciendo del uso de la palabra España. Así, la crisis y hasta la posible negación del término se explicaría como un fenómeno natural de la alternancia histórica, como una posible reacción contra el uso desmedido del discurso nacionalista empleado por la dictadura franquista, que condujo a la identificación, inexacta en lo que se refiere al punto de vista del análisis histórico, de los términos nacionalismo español= franquismo= extrema derecha…Sin embargo esta misma identificación ha sido el motor que ha contribuido al éxito del nacionalismo periférico, su víctima, produciéndose el efecto contrario que en países como Francia, donde los regionalismos terminaron siendo absorbidos por la fuerza del nacionalismo estatal.

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Además, la proliferación de discursos en este sentido en el panorama político incita al desinterés de la opinión pública por estas cuestiones, lo cual supone una menor capacidad crítica y, en consecuencia, un ambiente más proclive a su aceptación sin más, incluidos posibles tópicos y demagogias. Ha pasado mucho tiempo desde 1975 y se hace necesaria la revisión del discurso nacional español, sin manipulaciones, con una mayor calma y sin esa pasión y radicalismo que normalmente le ha caracterizado, tanto si se trataba de una apología como de una visión negativa de la misma. De ahí la necesidad de volver a los orígenes, a un siglo XIX inestable y conflictivo fruto del cual este concepto nace. Y por supuesto, partiendo de la base de su existencia. España es, por tanto, una realidad histórica, ya que se ha dado y se da en el tiempo y cuya entidad preocupa tanto a los que se sienten parte como a los que reniegan de serlo. #Historia antigua