Hace unos cuantos años salió una de esas películas que deja huella en todo aquel que la ve: Precious. Niña de 16 años, obesa, negra, analfabeta, de Harlem, embarazada y madre de un hijo con Síndrome de Down (fruto de consecuentes violaciones de su ausente padre) vive con su madre subsidiada, que pasa el día viendo la televisión a oscuras para no gastar luz y que la maltrata psicológicamente: todo un drama.

En este largometraje podría analizarse el conservadurismo de las clases subalternas muy bien reflejado en las ideas sobre la homosexualidad que tiene Mary Lee -la madre de Precious- o el machismo en las mujeres también explícito en su comportamiento.

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O en lugar de analizarlos, podríamos pararnos a pensar qué imagen del mundo da la televisión a un analfabeto.

Como eso es meterse en demasiado fregao' y caer en clasismos innecesarios hablaré de la Renta Básica y de cómo esta medida podría solucionar algunos de los problemas de nuestra querida protagonista.

El principal argumento que se da a favor de la misma en los países en los que se va a implantar es muy sencillo: el sistema de ayudas es farragoso, ineficaz y en muchos de los casos mantiene desempleada a la población o la anima a trabajar en negro. Si no debe ser sencillo para nadie verse en situación de acceder a este tipo de ayudas, menos el tener que aguantar al pijopogre diciéndole que se ponga a trabajar, algo que de no hacer sería totalmente entendible. Si por empezar a trabajar en cualquier multi te ofrecen un salario menor que el subsidio y además pierdes la prestación, es normal que hagas todo lo posible por no ser empleado. Así es como se puede empezar a caer en el círculo vicioso de Mary Lee. Por ello entra en cólera cuando se lo quitan, pues de esa vida ya no se sale.

Pensad en una madre soltera, cuyos dos hijos aun no son ‘fuerza de trabajo’ pues tienen 6 y 12 años.

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Carga con una hipoteca en la que entró cuando tenía trabajo y un marido con el que compartir gastos. Los empleos que le ofrecen le proporcionan menos cantidad de dinero que la subvención a la que accede, y además le quitaría ocho horas diarias del cuidado de sus criaturas. No hace falta irse a un drama americano, pues estas personas son las que acceden a la ineficaz Renta de Inserción que tienen las comunidades autónomas -que llegan a menos del 2% de personas que en teoría la necesitarían-. La Renta Básica al ser universal la recibiría desde Felipe de Borbón hasta tu vecino por lo que pule esa serie de inconvenientes que tienen las subvenciones.  Este tipo de empleos le desalienarían de la vida en casa y además le harían percibir un dinero extra para cambiar de ropa un par de veces al año o coger el coche con sus hijos y llevarlos al campo los fines de semana.

Podría incluso ascender en la empresa y trabajar más horas (para cobrar más y vivir mejor) cuando sus hijos ya no necesiten sus cuidados.

Hay que recordar que la Renta Básica ha de estar ligada al umbral de pobreza. Queda claro que con 800 euros al mes nadie puede vivir en la gran ciudad ni tener grandes lujos, pero si una vida decente.

La Renta Básica además de eliminar la pobreza de raíz, ofrece a los ciudadanos una nueva clase de derechos sociales: los económicos. Derechos que garantizan que nadie tenga viva de forma indigna para recibir un subsidio con el que sobrevivir; que permiten que nadie tenga que trabajar para comer. Derechos que harían que Precious no tuviera que recurrir a sinpas; porque otro de los beneficios de acabar con la pobreza de golpe, es que también acabas con la delincuencia de quien la usa para comer.