El viernes Pablo Iglesias, de forma inesperada y como si de una partida de mus se tratase, se jugó todos los amarracos. Proponía un pacto de izquierdas a tres (junto con PSOE e IU) en el que el gabinete de gobierno fuera proporcional a los votos de los tres partidos. De este modo, Pablo Iglesias sería el vicepresidente y tendría casi la mitad de los Ministerios.

Una propuesta tan agresiva como efectiva hizo que Mariano Rajoy, a la misma noche, renunciase a la propuesta del Rey de presentarse a la investidura. Esta jugada ha sido vista como un órdago por todo el espectro político y los distintos agente mediáticos se han puesto manos a la obra: ¿qué cabe esperar de esta jugada? ¿tiene intereses ocultos?

A la hora de narrar historias hay un efecto que se estudia en las facultades de Ciencias Sociales: el efecto Rashomon.

Consiste en que la subjetividad a la hora de contar un hecho, puede hacer que este parezca muy distinto en función de quién lo cuente sin que ninguno de los mismos pierda veracidad. La película que le da nombre vio la luz en 1950 dirigida por Akira Kurosawa. En un juicio, cuatro personas implicadas en un crimen contarán el macabro suceso omitiendo ciertos detalles que le perjudican o añadiendo algunos que le benefician. Como ahora el tertulianocuñao es el personaje de moda, en lugar de interpretar el envite de Iglesias, cada uno está proyectando sobre sus palabras su propia ideología.

Por ello, el líder de #Podemos ha puesto sobre la mesa cuatro objetivos distintos bajo el mismo pacto. Para unos tiene necesidad de gobernar para aplicar sus políticas y ocupar sillones; trata de hacerse protagonista de dicho gobierno y en caso de que la Troika apriete, se van del gobierno y se convocan unas elecciones en las que lo tienen todo a favor.

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Para otros, en realidad no se fía del PSOE y quiere enterrar a Pedro Sánchez, para que en su partido pongan a otro menos favorable al pacto y se adelanten elecciones o acaben dándole el gobierno al PP. También hay quien dice que de sus palabras se entiende que quiere hacerse con el CNI, el ejército o la policía para poder llevar a cabo la revolución. Los más afines dirán que es tan democrático que se desdice para hacer lo que pide el electorado de izquierdas, ya que perjuró no entrar en un gobierno del PSOE, pues ha entendido que la gente no quiere cambio de régimen sino cambio al PP.

¿Qué hay de Rashomon en esto? La necesidad de los líderes de opinión en hacer de su análisis de los hechos una verdad absoluta. A cada editorial le interesa que Pablo haya dicho lo que más le conviene. Igual no ha dicho algo tan inesperado y sin embargo les ha ganado la partida a quienes querían alejarle de cualquier cuota de poder.