Hace ahora once años, Cliff Arnall, psicólogo profesor de la universidad de Cardiff, establecía una fórmula matemática para calcular el día más deprimente de todo el año. Las variables que propician este estado de apatía, aunque relacionadas con la campaña de Sky Travel para la que se ideó dicha encuesta, son el frío clima, la cuesta de enero, los propósitos fallidos de año nuevo… El resultado de dicha fórmula da por ganador, este año, al tercer lunes del mes de enero: hoy.

Ante esta situación, podríamos establecer cuatro tipos de personas: Dejando aparte a los que no saben que existe este fenómeno, siendo felices en su burbuja, y aquellos que lo usan con fines propagandísticos, recomendándonos incluso algunos pasos a seguir para combatirlo, nos quedan dos.

Por un lado, están aquellos que achacan a este motivo todo lo malo que les pueda surgir en el día de hoy: “¿Me he quedado dormido? Culpa del bluemonday”; “¿He pisado un charco? Culpa del bluemonday”; ¿No tengo dinero porque me lo gasté todo el sábado pasado en copas? Evidentemente, eso es culpa del bluemonday…”. Y del otro lado encontramos a aquellos que se rebelan (y tienen que convencer a los demás de ello), entre los que se halla el causante de todo el revuelo, al propio Arnall. Este grupo nos anima a sacar nuestra vena más canalla, haciendo caso omiso al calendario a la vez que nos envía algún que otro mensaje optimista.

¿Hasta dónde vamos a llegar?

La moda nos dice qué y cómo vestir, la televisión qué y cómo pensar, y ahora, “estudios” como este, nos sugieren directamente qué y cómo sentir.

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Como si una fórmula matemática pudiera establecer los factores directos de nuestro estado de ánimo, como si los famosos expertos que realizan estudios en la universidad de tal conocieran nuestros nombres, apellidos y estado social y mental, como si necesitáramos motivos continuamente para justificarnos. Al final nos vamos a quedar sin excusas a las que echarle la culpa.

El caso es, llegados a este punto, igual deberíamos inquietarnos más por si de verdad estamos actuando conforme a nuestros valores y principios y obsesionarnos menos con las excusas y explicaciones que les vamos a dar a los demás. Preocuparnos más por ser felices, en lugar de querer estar felices siempre. #Depresión #Medicina #Leyendas