El mal Marketing que sufre la profesión de político y la desgana de cambio por parte de los sectores más rancios causa una terrible deriva hacia la ruptura de España. Una ruptura a nivel social, política y sobre todo, cultural.

La cuestión social y política están unidas; unidas por un cordón umbilical basado en la degradación de sus gentes. A nivel político encontramos cuatro partidos, que son cuanto menos, lamentables. Un Partido Popular cuyo único resorte es una población envejecida y un futuro poco prometedor a largo plazo. Un Partido Socialista que tiene más de ¨Popular¨ que de social. Y, no olvidemos, los partidos nacientes.

Esos partidos (el naranja y el morado) que cojean de economicismo y piensan que la solución a todos los problemas se halla en más o menos redistribución, en exportar modelos económicos no aplicables y en debatir día sí día también. ¿Socialmente? La confusión de aquellos que piensan su voto y de fanáticos que ni se leen el programa de sus partidos da como resultado el círculo vicioso en el que nos encontramos. Sí, nos quejamos del ¨y tú más¨ pero, ¿cómo hacerle frente si está en lo más profundo de nuestro ser? La única solución se halla en entender por qué somos así.

Amado lector, el problema es cultural. El problema es de la mentalidad de las personas, del miedo al cambio, del miedo a lo nuevo. Nos acostumbramos a vivir bajo el yugo del catolicismo y sus obispos, que nos contaban la historia de la Biblia.

Vídeos destacados del día

Nos equivocamos de Dios. Pudimos escoger a aquel Dios que decía que había que leer la Biblia, a aquel Dios que decía que él era el único que podía representarse a sí mismo, a aquel Dios que nos decía que la redención se lograba día a día; sí, ese Dios, el que difundía Calvino. Ese fue nuestro mayor error. Somos un país que prefiere la difusión a la investigación, la palabrería a la argumentación, el Sofismo al Objetivismo. Somos culpables y víctimas de nuestra cultura, pero no olvidemos que nuestro mayor defecto también es nuestra mayor virtud; lo que nos diferencia.

Dejemos la moral del autocomplaciente y del cobarde y busquemos soluciones desde nuestra forma de ser, única e irrepetible. Nuestros fallos son evidentes, pero ellos nos hacen ser quienes somos. Sintámonos orgullosos de cómo somos, dejemos de intentar parecernos a los demás, dejemos las envidias y los fiascos y transformémoslo en orgullo y victorias. La paralización ante el miedo solo causa subdesarrollo, y el conformismo, monotonía.

Las personas grandes son aquellas capaces de hacer frente a la co-existencia de un mundo cambiante y salvaje, que ofrece peligros y oportunidades, manteniendo una fortaleza integra lo más grande y placentera posible. Así, la nación, formada por personas, debe de seguir la imagen y semejanza de nuestra naturaleza: la de la evolución.