Estamos a 24 horas de conocer los resultados de las elecciones generales más reñidas de la democracia española. A lo largo de la historia de España hemos visto cómo los partidos de centro tienden a desaparecer y que los radicalismos no han tenido cabida en nuestra sociedad. ¿Qué ocurre ahora? Nos encontramos con dos partidos emergentes, que han cobrado importancia por el descontento de un sistema partidista. Quizás deberíamos analizar su evolución, que no es baladí. ¿Cuándo han comenzado a profundizar en un programa electoral? Cuando los índices económicos, la inversión extranjera en España y los riesgos monetarios abandonaron el primer plano de preocupación en la política española e internacional.

Pero nadie se ha preguntado, ¿dónde estaban Podemos y Ciudadanos cuando realmente se necesitaban propuestas? 

Vemos a un Ciudadanos que trata de dar lecciones de gestión y medidas sociales sin siquiera haber aplicado alguna. Y resulta además, que después de profundizar en su programa electoral y viéndole en TV casi para dar el tiempo, muchas de esas medidas ni siquiera van acompañadas por números y otras no se ajustan ni de lejos a lo que dicen sus dirigentes en los medios. Luego tenemos a Podemos, vendedores del discurso de la indignación. Estoy de acuerdo con el descontento generado en la sociedad por las medidas de austeridad de un Gobierno al que, sencillamente, no le ha quedado otra. Sí, de acuerdo, pero no podemos dejarnos engañar por un partido que primero, utiliza el sentimiento de una parte de la sociedad para hacer demagogia y segundo, no podemos permitir que venda un país con el que yo, al menos, no me identifico. No siento que pueda darme lecciones de democracia un partido apoyado y financiado en sus comienzos por el régimen chavista o que ha mostrado más simpatía por los asesinos de ETA que por sus víctimas.

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Llama la atención ver en sus mítines pancartas gigantes de ‘600 euros renta mínima universal’ cuando ya han aclarado que no les va a ser posible. También es curioso ver cómo Pablo Iglesias hace demagogia con los sueldos de los políticos. Pues esta persona, para quien no lo sepa, cobra más que el propio Presidente del Gobierno. Y cómo él, la mayor parte de su cúpula. Estos cambios han provocado que la sociedad confunda la reestructuración de las instituciones con un problema de partidos y no, no lo es. El problema de los organismos nacionales tiene que ver con la volatilidad de los tiempos. Y menos dejar que lo reclamen los nuevos partidos que mientras hablan de su 'modificación', llevan sus listas, como el resto. Todos proponen bajadas de impuestos, menos Pedro Sánchez que ha dicho que quien diga que los impuestos pueden bajarse está mintiendo. Pero luego se dedica a criticar a Rajoy y a llamarle, incluso, “saqueador”, por haber subido esos impuestos que ahora él no está dispuesto a bajar.

Sabemos además, que es un político y una persona que ha sabido dejarse en evidencia a tiempo. Tenemos a un PSOE que ni está ni se le espera ni para colaborar de verdad y con contundencia en las necesidades de la España unida que han olvidado defender.

Y luego tenemos a un PP que ha asido acribillado por su falta de comunicación, entre otras cosas. Seré yo que me estoy volviendo loca pero prefiero a un #Mariano Rajoy que me gestione como es debido que a un tertuliano como José Luis Rodríguez Zapatero, que después de dejar a España casi en bancarrota ha vendido su perdón por el módico precio al que él mismo ha puesto su libro en el que lo predica, 20,42€. Si notamos mejoría en la economía española y vemos cómo los líderes europeos más destacados elogian la gestión del Partido Popular o incluso Obama o Merkel, ¿por qué arriesgarnos a perder, sabiendo que se puede ganar? #Elecciones