Esta mañana, todos nos despertábamos con el terremoto político, uno más, del triunfo arrollador, aunque sin mayoría absoluta, del FN en Francia, en la primera vuelta de las Elecciones regionales, en ese nuevo mapa que deja en 13 regiones administrativas el país vecino.

Pero algunos medios españoles parecen más preocupados en otra cosa, curiosamente: en Venezuela, el chavismo que ahora encabeza Nicolás Maduro, sucesor del desaparecido Hugo Chávez, sigue en el poder aunque ha perdido escaños. Eso parece más importante, por lo visto.

No hablan tanto de lo que significa para Europa esa pretensión de volver a la Edad Media que quiere la familia Le Pen, con Marine, que ha dicho que suprimirá subvenciones a medios de comunicación como “La Voix du Nord”, que le ha llevado la contraria.

O con Marion, su sobrina, que piensa suprimir subvenciones a la planificación familiar, sobre todo las abortistas, o a asociaciones de gays y lesbianas.

Las alcaldías que el FN consiguió el año pasado han dado, en algunas de ellas, a personajes pintorescos pie para algunas iniciativas municipales más propias de una película de Berlanga o de Fellini, cuando no de Louis De Funès (que por cierto, él era conservador, pero antifascista). Ya hablamos en este diario de Robert Ménard, alcalde de Béziers, que recibió una reprimenda de una actriz de la serie “La casa de la pradera”, de la cual es fan absoluto, por que sostenía que allí “los hijos obedecen a los padres, las mujeres son sumisas y aporta unos valores desgraciadamente arcaicos hoy en día”. Ella le dijo que de sumisas, nada de nada. Además, ella estaba en Francia con una obra teatral, inspirada en la serie, con el curioso título: “Confesiones de una golfa de la pradera” (sic).

Vídeos destacados del día

Ménard es una especie de Pío Moa francés, que empezó siendo izquierdista y ahora es ultracatólico, casado con una activista de Civitas, una especie de Hazte Oír francesa que, entre otras lindezas, quiere encarcelar a quienes cometan adulterio, ya que según ellos, el Código Penal francés obliga a quienes se casen a guardarse obediencia y fidelidad.

Pero aún hay esperanza, pues no tienen mayoría absoluta y en la segunda vuelta, aún pueden ser derrotadas. Ya hablaremos de lo que tiene que cambiar en Francia para que hasta los jóvenes voten fanáticamente por el FN. El año pasado, la revista Elle publicó un artículo sobre que las francesas ya no hacen tanto topless como antes, y ello es no por pudor o por querer ser ahora “decentes”, sino por que estaban cansadas de la imagen sexualizada que casi estaban obligadas a tener, de estar siempre dispuestas para el sexo, vamos, como aquel tópico que había en la España franquista de que las francesas eran más liberadas que las españolas. Y en el FN, se deben sentir más respetadas como mujeres.

Volviendo a lo de Venezuela, es claro que el Régimen chavista ha sido prepotente, que su manera de gobernar ha sido algo parecido al del ultraderechista Viktor Orban en Hungría. Pero es algo secundario, si lo comparamos con el FN francés. Aunque hay periodistas que parece que les caiga bien Marine Le Pen, como una periodista que dijo varias veces, después de los atentados contra Charlie Hebdo, que “Marine Le Pen no es fascista”. Con opiniones como esa, no es de extrañar que algunos prefieran a ella antes que a un demócrata como François Hollande, al que por cierto, antes deseaban que dimitiera por inmoral (por engañar a su amante con otra mujer), pero ahora le apoyan en su guerra contra el Estado Islámico.