Llegó el momento de hacer balance del año que termina, estos días son días de reflexión, son días que nos invitan a echar la vista atrás para poder analizar con calma lo vivido en el 2015.

Un año más vivido, 12 meses, 365 días… Y con el último día del año es hora de poner en una balanza lo bueno y lo malo; lo que nos gustaría cambiar, mejorar o simplemente dejar como está.

Lo cierto es que para hacer balance sobre lo vivido, cualquier momento puede ser bueno, pero la mayoría de las personas eligen el final de año. Por lo general comenzamos haciendo una lista separando dos columnas, una con “lo bueno” y otra con “lo no tan bueno”

¿En qué nos ayuda dejarlo por escrito?

Realizar lista a mano es lo primero que debemos hacer, ya que así lo tendremos de una forma visual y accesible.

Siempre es mejor escribirlo que pensarlo sin más, ya que de esta manera nos pararemos a recapacitar, nos dejaremos menos cosas en la cabeza y lo tendremos plasmado para poder visualizarlo posteriormente.

Comenzar algo nuevo

La sensación de comenzar el año, es parecida a estrenar algo. Es ese olor a libro nuevo y las ganas de comenzar a leerlo; o esa ilusión de quitarle el “plastiquillo” a la pantalla del móvil, con el deseo inquietante de explorarlo y comenzar a personalizarlo.

Tenemos un año entero por delante el cual no sabemos que nos traerá, de manera que se asimila a la sensación de descubrir cosas nuevas:

Descubrir algo nuevo nos causa un placer superior al que produce llevarnos a la boca un bombón de chocolate. 

Las pruebas más evidentes de que esto es así las encontró Emrah Düzel, del Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College de Londres (UCL), durante un experimento destinado a evaluar si el cerebro humano prefería los estímulos nuevos o familiares.

"Cuando vemos algo nuevo nuestro cerebro tiene algún potencial de recompensa y eso nos motiva a explorar nuestro entorno en busca de incentivos", explica Düzel.

 

Perdemos fuerza

Comienza el año, nuestra lista fresca, todo genial… pero poco a poco se nos escapa la fuerza y acabamos abandonando ¿Cuál es el motivo de abandono?

Marcarse objetivos a largo plazo está bien para tener una visión clara de tus metas, pero lo cierto es que solemos perder el enfoque y poco a poco la línea de motivación va descendiendo.

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Lo recomendable en este caso es ir retroalimentándonos, es decir volver a mirar nuestra lista cada pocos meses para volver a visualizar nuestros objetivos y si es necesario cambiar algunas cosas. De esa forma iremos renovando la motivación. Un buen caso sería plantearnos objetivos a 90 días.

Este plan a 90 días lo podemos desglosar más, creando por ejemplo, hábitos a 21 días o incluso poniéndonos 3 pequeñas acciones diarias.

Un truco y quizá la herramienta más antigua es anotarlo en la agenda (ojo con esas agendas súper repletas de anotaciones en enero y súper repletas de telarañas en octubre).

Por último hay que tener en cuenta que debemos ser constantes y no perder el enfoque. Así que bolígrafo y papel, ilusiones renovadas y objetivos bien enfocados, que comienza el año nuevo ¡feliz año! #Calidad de vida