La violencia nunca, jamás, es el camino. Tan despreciable es la agresión a los miembros de una formación política como lo es a los integrantes de la del signo opuesto. Cambiar la palabra por la fuerza bruta no debe ser en ninguno de los casos una alternativa por mucho odio, rencor, desengaño y asco que se haya engendrado. El ciudadano español está harto, indignado, desesperado y de mal humor. A tres días de las #Elecciones, es difícil discernir qué es verdad de qué son falacias en los discursos de los candidatos de los diferentes partidos.

Muchos votan por el tan citado "voto útil", votan porque no van a quedarse en casa, votan en memoria de Clara Campoamor, pero votan sin convicción, sin fiarse "del todo" de nadie.

Y es lógico, gobiernos de uno y otro signo se han sucedido por la Moncloa sin ser fieles ni a sus programas ni a sus palabras, arrebatando ilusiones, trabajo y dignidad. Izquierdas que se alían con las derechas, y viceversa, votos comprados y sobres. La sociedad no se fía de sus políticos y con razón.

Pero pese a esa confianza atacada, no es la agresión vía posible. En ninguno de los casos. Porque igual de denunciable es que un joven agrediera ayer día 16 al candidato del PP, Mariano Rajoy, durante un paseo por Pontevedra, como lo es que lo hicieran unos días antes dos encapuchados al concejal de #Podemos Jacinto Ortega, tras acudir a un mitín de Pablo Iglesias [VIDEO] en Las Palmas de Gran Canaria. No, nunca es la violencia una buena idea. #PP