Nuevamente sale Florentino Pérez con presuntas conspiraciones contra él o contra el Real Madrid, a raíz de la fulminante eliminación del equipo de la Copa del Rey por la alineación indebida de Chevyshev, que debía estar un partido sin jugar en la competición al haber sido expulsado, por doble amonestación, la temporada pasada contra el Barça jugando con el Villarreal, y que el club no tuvo en cuenta en el partido de ida contra el Cádiz.

Ya tuvo una reacción parecida hace pocos días, después del extraordinario repaso que el Barça le dio al Real Madrid en el propio Estadio Santiago Bernabéu (0-4), defendiendo a su entrenador, Rafael Benítez, pero de paso buscando persecuciones contra él mismo, al estar dolido por oír “Florentino, dimisión” del mismo público madridista en el Clásico.

Dice que no se le notificó al club la sanción que tenía el jugador.

Aunque fuera cierto, debería haberlo comprobado, pues resulta todo un error de principiante, en alguien con tanta experiencia como él, o un error de sus directivos. Pero la conspiración contra él, como si se sintiera un altar profanado, casi como dio a entender en la famosa entrevista de Jordi Évole en “Salvados”, donde se negaba rotundamente a reconocer que las prospecciones de Castor provocaban pequeños terremotos y graves perjuicios en la población local. Sólo le faltó acusarlos de ser del Barça e ir contra él simplemente por ser madridista.

Ya hace mucho tiempo que el ego de Florentino le ha invadido, de tal manera que quiere nadar contracorriente cuando algo no va como él quiere. Lo demostró cuando consintió a José Mourinho, al cual desearía ver de nuevo entrenando al Real Madrid, sus excesos como el dedo en el ojo del desaparecido Tito Vilanova, que desembocó en aquella pancarta de seguidores madridistas que decía “Mou, tu dedo nos señala el camino”, como si fuera el nuevo Mesías que fundaba una nueva religión o el que había vengado presuntas afrentas contra el equipo.

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Ha hecho que Josep Maria Bartomeu, el Presidente del Barça que llegó al cargo de rebote por la dimisión de Sandro Rosell y que fue elegido con gran mayoría por los socios hace pocos meses, quede como un buen Presidente. Y que la conspiración que él denunciaba por la absurda sanción de la UEFA en las “estelades” de los seguidores del Barça en partidos de la Champions resulte más cierta, si recordamos que son banderas que no van contra nadie ni defienden dictaduras, al contrario de las que llevan los de la Falange en el Bernabéu, que defienden una dictadura que asoló España durante 36 años.

Florentino Pérez es un Presidente que aportó algo nuevo, algo moderno, a un club como el suyo que siempre ha padecido un cierto estigma de anticuado, de otros tiempos, que le hace parecer arcaico frente a los demás clubes europeos, como el Bayern de Munich, el Inter de Milán o el mismo Barça.

También aportó algo contraproducente, como convertir jugadores que fichaba en mercancías de Merchandising, sólo pensado para vender camisetas mientras el jugador estuviera “de moda”, y luego era defenestrado sin piedad cuando ya no servía.

Vamos, el término “galácticos”, que se volvía en su contra cuando equipos “terrícolas” eliminaban al Real Madrid, como el Toledo o el Alcorcón, o cuando despidió a Vicente Del Bosque como entrenador para poner a otro más adecuado a David Beckham, para el cual quería diseñar un equipo como si fuera el dueño de la mansión de “Retorno a Brideshead”.