Después de la abdicación de Juan Carlos I el año pasado, estábamos acostumbrados al estilo, personal e intransferible, de sus Mensajes navideños por Televisión, con un estilo austero y una forma de hablar que ya era para muchos como de la familia, aunque con el paso de los años, ese estilo del discurso se haya quedado más anticuado, y más acabábamos conectando con él si lo parodiaba el “Polònia” de TV3 en una de sus geniales imitaciones por parte del actor Toni Albà.

Pues al pasar Felipe VI a heredar el trono así, repentinamente, con su padre todavía vivo, tuvo que rehacer todo lo de la Monarquía española que la había dejado maltrecha, con Corinnas, falta de austeridad, etc., por todas partes.

Al principio, bien, con su habitual discreción, Felipe VI lo conseguía. Quizá por que nunca ha tenido la campechanía de su padre, siempre fue más bien soso para ganarse a la gente con bromas de familiar cercano.

Pero quedaba algo que en eso su familia ha forjado un estilo propio: el discurso de Navidad por televisión. Y no sólo bastaba con que Felipe VI escribiera él mismo el texto a leer, algo que siempre se hace en estos casos, sino cómo presentarlo en pantalla. Si su padre había decidido retirar de los retratos familiares a los parientes metidos en líos de corrupción o el que se había divorciado, como si ello le convirtiera en un paria, a ver qué haría Felipe.

Y el año pasado vimos el primer discurso: el tono monocorde no ayudó en nada, tampoco el lenguaje más bien rimbombante y pasado de moda, que su padre sabía transmitir mejor.

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Pero faltaba la estética. Y fue lo que mayor cachondeo formó: los muebles que rodeaban al Monarca, en especial un sofá de color rojo que parecía de Ikea, y que la gente identificó como el de los Simpson.

Es decir, se puede perdonar que es la primera vez, y se va aprendiendo con los años. Ya lo haría mejor en el siguiente.

Y hemos visto el segundo: esta vez, Felipe decidió irse al Palacio Real, salir del Palacio de la Zarzuela y aparecer en una gran sala del primero, imponente y donde él aparece casi empequeñecido.

Se dice que quería mostrar un lugar importante para la Historia de España, donde estuvieron muchos antecesores suyos. Pues parece ser que tampoco ha acertado.

La gente lo interpretó como nueva muestra de ostentación, como si fuera Luis XIII de Francia en el Palacio de Versalles, mientras hay tantos parados en el país. Y nuevamente lo del año anterior, el tono monocorde y el lenguaje de novela decimonónica para describir lo que él desea que los españoles hagan, le vuelve a perjudicar.

El “Polònia”, hace tiempo, sugirió en una de sus parodias que Felipe VI debería imitar a los blogueros que se montan videoblogs en Internet o en YouTube, con un estilo más moderno o más dinámico. No sabemos si le saldría mejor, pero nos convence mucho más Iñaki Gabilondo en sus comentarios de videoblog, con un lenguaje también literario, pero que sabe conectar mejor con la gente.