A día de hoy, 18 de diciembre de 2015, no sé qué partido se llevará mi voto en las Elecciones del día 20. Sí, habéis leído bien. No tengo ni la más remota idea de qué hacer. Algunos creeréis que esto es imposible, que alguna idea sobre lo que quiero debo tener. Puede que no sea yo la única con esta duda y que estos días esta sea una cuestión que se planteen miles de españoles.

La vida política ha cambiado bastante estos últimos años en España. Por ejemplo, las tertulias se han multiplicado y es extraño la cadena que no emite una en algún momento del día.

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No penséis que lo considero negativo. Es vital que haya diversidad de opiniones. Observar las cosas desde un prisma diferente siempre es positivo y constructivo. El problema viene cuando las personas esgrimen sus opiniones como si estas fuesen floretes y solo pretenden herir en lo más profundo, creyendo que su opinión es ley.

Por desgracia, algunos de los componentes de estar tertulias tan solo se dedican a gritar con el objetivo de quedar por encima de los demás, olvidando que el objetivo es debatir con una única arma: el respeto.

Al igual que estas tertulias, también proliferan últimamente los debates entre los líderes políticos. Algunos piensan que estos debaten significan que estamos ante un cambio en el modo de hacer política. Por el contrario, un sector de la sociedad piensa que es un espectáculo que consiste en soltar unos cuantos toros al albero, ver cómo se esquivan entre sí y proclamar ganador al que menos cornadas haya recibido. Existe la concepción de que los debates políticos en televisión son un producto extravagante, traídos al planeta Tierra por la chica de la lejía del futuro, pero Estados Unidos es un claro ejemplo de que se trata de un género televisivo que lleva haciéndose desde hace tiempo.

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La diferencia es que allí se empieza a debatir en el colegio y los niños aprenden desde muy temprana edad a defender sus ideas, a estructurarlas y a no lanzar cuchillos para declararse ganador (siempre puede haber excepciones, claro está). Es lo mismo que ocurre en Reino Unido con el teatro, una actividad muy arraigada en su cultura. Desde su más tierna infancia, los niños ven cómo sus padres van al teatro y no lo consideran una pedantería. En las dos cuestiones, España sale perdiendo.

Sinceramente, la decepción hace que no me apetezca en absoluto doblar la papeleta el próximo domingo 20. No obstante, son muchas las personas que lucharon en su tiempo para que hoy todos los españoles podamos ejercer este derecho. Un ejemplo español fue la política Clara Campoamor, principal impulsora del sufragio femenino en España. Sorprendida y orgullosa se sentiría Clara al saber que hace unos pocos días, en Arabia Saudí, las mujeres pudieron ejercer su derecho al voto por primera vez. Tienen todavía un camino difícil por delante, pero ya han empezado a dar pasos fuertes y decididos.

Además de poder votar, podrán presentarse como candidatas a las elecciones municipales y ser designadas miembros del Consejo de la Shura, órgano encargado de asesorar a la monarquía.

Cuando la sombra de la incertidumbre nos aceche, hechos como este deben inspirarnos y darnos fuerzas para ir a las urnas este domingo. No importa lo que vayáis a votar, lo único que importa es que votéis y que lo hagáis con cabeza y sensatez. La lucha de tantos no puede quedar en el olvido.