Desde hace ya un tiempo,gracias a buenos consejos recibidos, y al temor de padecer diabetes, decidí dar un brusco giro a mi situación de salud, reduciendo el consumo de azúcares y harinas blancas a cero. 

Este cambio de hábito alimenticio y de ejercitación se vio bruscamente importunado el pasado domingo, en que decidí salir a comer a un restaurant.

En el primero de ellos vi con horror que todas las posibilidades de ensaladas contenían algún grado de azúcares: maíz, zanahoria, frijoles negros (porotos), betarragas (remolacha).

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Además de ofrecer como aliño sólo aceite común y no de oliva. En los dos siguientes, los menús se reducían a ofrecer frituras de papas y carnes de todo tipo o pollo frito.

Finalmente dí con un restaurant en el que las ensaladas son más caras que la carne.

Casi tuve que olvidarme de la bebida: no había jugo de frutas ni bebidas sin azúcar . Finalmente, ante mi indignación por la falta de consideración hacia personas que no consumimos ese tipo de sustancia, me trajeron la última y única bebida sin azúcar que quedaba. Eso me hizo pensar, ¿y si en este momento una persona diabética entrara con la esperanza de almorzar tal como yo lo hacía?; ¿cómo es posible que en Chile no se trate bien a las personas que padecen esta enfermedad que es ya una pandemia?

Según la FID (Federación Internacional de la Diabetes), Chile encabeza la tasa de diabéticos: un 9,5% de la población actual del país ya padece la enfermedad. Y se espera que la cifra aumente a un 12,5% para el 2035. En tanto, los informes de la OCDE, señalan que 6 de cada 10 chilenos padece o reúne las condiciones necesarias para padecer diabetes.

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Dos de ellas saltan a la vista para cualquiera que observe a los chilenos comunes: en el país la gente aumenta cada vez más de peso, y, en una gran mayoría, tiene hábitos sedentarios. 

Estas cifras resultan alarmantes, sobre todo porque sé de primera mano cuáles son los hábitos nutricios del chileno promedio. Sumado a que evita el deporte. Y esto no mejora a pesar de que se han invertido en la instalación de gimnasios al aire libre en casi todas las plazas de los distintos barrios del país, así como la instauración de programas como “Elige Vivir Sano”, en donde el gobierno ha incentivado campañas de alimentación y ejercitación saludable. 

Hace un tiempo atrás, se supone que el Congreso nacional legislaría una ley respecto del etiquetado de los Alimentos y la prohibición de asociar comida con entrega de juguetes (tipo “cajita feliz” de Mac Donalds). Sin embargo, como suele pasar en Chile, esa ley finalmente quedó en nada. La que se llamó “ley superocho” (en alusión a una galleta de chocolate de consumo masivo en el país), quedó en nada.

La población dice que en Chile la discriminación ha bajado enormemente luego de la instauración de la ley Zamudio, que puede castigar con penas carcelarias a quien menoscabe a otro por cualquier tipo de acto discriminatorio. No puedo negar que la ley ha protegido a distintos grupos. Sin embargo, me sentí tremendamente discriminada por salir fuera de casa a almorzar. Ya es malo estar enfermo, pero me parece peor que no exista la obligación de que te vendan lo que tú necesitas consumir en supermercados, panaderías y restaurantes. Es la discriminación hacia el enfermo, una realidad evidente. Llegué a pensar que al empresariado chileno les guste tener a la población enferma: los obesos no pueden salir a protestar; viven menos pero consumen más.