Hacerse con el gobierno de España no parece un plato de gusto. Más de un 21% de paro, el sistema de autonomías revuelto, Europa haciendo uso de las soberanías que compró y un número de escaños que obliga a pactar permanentemente son algunos de los ingredientes con los que tendrá que contar el próximo gobierno.

Aunque es conocida la audacia, hasta el arrojo de los políticos españoles para enfrentarse a situaciones que desconocen a la hora de gobernar, no es lo mismo hacerlo como lo han hecho estos últimos cuarenta años, con una mayoría de los votos suficiente para gobernar en solitario, o con la ayuda de unos pocos escaños, históricamente escaños de algún partido nacionalista con el que se negociaba ampliando las competencias y los porcentajes de ciertas recaudaciones de su autonomía, que hacerlo con una minoría absoluta y sin nada que ofrecer para negociar.

Cabe pensar que a los españoles no les ha enamorado ninguna de las formas desarrolladas estos cuarenta años, por una lado la mayoría absoluta ha dejado claro que el partido que la consigue no gobierna para el conjunto de la ciudadanía, sino que lo hace para su propio partido, ; por otro lado, los gobiernos que han salido adelante con el apoyo de algún partido nacionalista, aunque no han podido aplicar el rodillo tantas veces como han deseado, también lo han aplicado y además, han hecho concesiones a los nacionalistas que no han agradado ni a sus votantes.

La cuestión es que los políticos se enfrentan a los gobiernos siempre un poco a ciegas, siempre a algo nuevo que ejecutan como una suerte de aprendizaje por descubrimiento. Pero tras las #Elecciones del veinte de diciembre, la situación es distinta, ahora no se trata de lanzarse a ciegas a gobernar, ahora no vale con ofrecer a un solo partido algunas ventajas a cambio de su apoyo, ahora la matemática dice que el apoyo necesario es muy grande, algo parecido a un gobierno de dos o tres...

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Los ejemplos que ya tenemos en algunas autonomías no animan demasiado. Más cuando no se trata de una autonomía, sino del gobierno de España, donde el tipo de acuerdo al que hay que llegar para gobernar es novedad. Y esto es demasiado hasta para audacias tan desarrolladas como las de nuestros políticos.

La situación es muy complicada y hay ingredientes que apenas se pueden modificar, pero los partidos han introducido un ingrediente que quieren hacer creer que es necesario, las líneas rojas. Esto hace que los cuatro principales partidos afirmen lo mismo: que lo más conveniente es formar un gobierno estable cuanto antes y añaden su línea roja. Al afirmar la línea roja queda claro que no hay forma de sumar escaños para formar un gobierno estable ni cuanto antes ni después, por lo que suelen entonces indicar cuál es el partido que según ellos tendría que hacer algún movimiento.

En el camino no olvidan el estado en el que mejor se mueven tanto los partidos ya consolidados como los nuevos, el estado de campaña, donde se puede, a veces nos quieren hacer creer que hasta se debe, menospreciar al contrario, señalar permanentemente sus flaquezas, resaltar sus inconsistencias…

Parece que el momento pide que los cuatro principales partidos involucrados borren las líneas rojas y pinten líneas verdes con las que empezar a ver qué les acerca a los otros y dónde podrían coincidir para quedar todos razonablemente satisfechos.

No digo que así llegarán a un acuerdo, pero creo que sería una forma más certera de intentarlo y nos permitiría ver a los ciudadanos dónde están de verdad las diferencias entre unos y otros.