Ha sucedido hace unas horas y ya es viral el puñetazo que un joven de 17 años ha propinado al presidente Mariano Rajoy mientras hacía payasadas electorales en Pontevedra. Lo cierto es que la agresión no ha significado ningún avance para el pueblo trabajador: los parados siguen parados, las tasas universitarias altas, la sanidad colapsada y los sueldos bajos. Simplemente, el agresor, cuyo futuro judicial es incierto, se ha sacudido la rabia que tantísimos jóvenes y no tan jóvenes sentimos a diario contra quienes nos oprimen.

¿Está justificado?

¿Está mal pegar a Rajoy? Probablemente, pero porque no sirve de nada. Aunque nadie negará que se lo merece: cuatro años de nefasta gestión de un barco que ya de por sí está hecho de papel, y que lleva a millones de familias al paro y a la calle.

No obstante, está mucho peor pegar a quien lucha, y esto ocurre mucho más frecuentemente que la agresión al señor presidente. A nosotros, a los estudiantes, trabajadores y activistas, nos arrean mucho más y más fuerte, y de forma sistemática, y no hemos perpetuado la miseria de un país entero.

Las verdaderas víctimas de la violencia

En estos momentos en que todo el mundo se posiciona entorno a la agresión, es necesario situar el debate importante. Es necesario recordar la violencia que ejercen por ejemplo los distintos cuerpos de policía, cuya cadena de mando pasa antes o después por el presidente del gobierno, hoy sacudido. Hace unos días, un sindicalista canario recibía una paliza. Hace unos meses, montones de guardias invadían las cuentas mineras a golpe de porra y pistola. Hace unos años, los estudiantes valencianos corrían delante de los azules como nunca lo habían hecho.

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Estos son sólo ejemplos relativamente famosos: quienes militamos en los movimientos sociales sabemos que cada día la violencia se apodera de las calles cuando hay que reprimir al pueblo que lucha, sin contar a todos los que ya están encerrados y la violencia que ello conlleva, como Alfon, el joven que encarcelado acusado de llevar unos explosivos que todo el mundo sabe que no llevaba.

En definitiva, pegar a Rajoy no sirve de nada, pues la violencia aislada no tiene sentido ninguno. La violencia sistemática y organizada contra los explotados, por el contrario, parece que sí que tiene efecto, porque la usan muy a menudo las fuerzas del estado. Cabría no olvidar a quien recibe las agresiones a diario, y por supuesto aprender de todo esto.