A nadie se le escapa que después del debate del pasado lunes el candidato de PODEMOS, Pablo Iglesias, ha salido con fuerza reforzado, por méritos propios y ajenos, en sus aspiraciones a presidir un país en el que amplios sectores, anquilosados en el más rancio pasado, le niegan credibilidad y confianza amparándose en el simple hecho, absurdo e inadmisible, de que ven en él a un diablo con cola venido, por aspecto y pelaje, de un tiempo revolucionario y turbulento que no quieren recordar ni en pintura.

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Deduzco entonces que prefieren, estas gentes de parecer añejo e inmovilista, que lleven las riendas del reino y nos gobiernen personajes vestidos con elegantes trajes y vistosas corbatas aunque con sus tropelías y tejemanejes nos hundan, saqueando arcas públicas y ajenas, en la más miserable miseria.

El propio Pablo Iglesias propone que exista una democracia real, hasta ahora inexistente, representativa, igualitaria y participativa e insiste en la necesidad, urgente y precisa, de reformar un sistema electoral obsoleto y muerto desde hace tiempo, para hacer que por imperativo legal en caso de incumplimiento de los programas electorales, algo que Mariano Rajoy ha llevado a cabo hasta la saciedad, el presidente del gobierno tenga que someterse a la evaluación de los ciudadanos a mitad de su mandato. Propone igualmente, y alabo su decisión, hacer de la Justicia un poder independiente, asunto este que hasta el momento ha brillado por su ausencia e insiste, y esto es algo que considero primordial, en impedir que existan lo que se han dado en llamar puertas giratorias que, como todos sabemos, no son otra cosa que el paso, feliz y bien remunerado entre amiguismo y compadreo, desde los Consejos de Ministros a los Consejos de Administración de las más poderosas e influyentes empresas.

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¿Ven ustedes en estas propuestas los desvaríos de un mesías loco?

¿No es esto lo que la inmensa mayoría piensa que hay que subsanar y enmendar porque huele a podrido?

Por ello, si no encuentran desequilibrio alguno en los planteamientos del señor Iglesias y están de acuerdo con lo expuesto en mi pregunta, creo que ha llegado el momento, preciso e irrenunciable, de darle una vuelta de tuerca a un sistema que huele a podrido por los cuatro costados, abriendo las ventanas y ventilando los salones de esta casa llamada España que muchos, portadores acérrimos de banderas y blasones, dicen tener como suya mientras la llevan a la más miserable de las porquerizas.