En Castilla tenemos el término “pan sin sal para definir a la persona que no destaca por ninguna cualidad específica y que en ninguna de sus virtudes resulta demasiado singular. Académicamente un “pan sin sal” es lo que llamamos mediocre.

El Partido Socialista Obrero Español (#PSOE) ha pasado por diversas etapas y tendencias durante su casi siglo y medio de historia. En todas ellas, salvo evidentemente durante la ominosa dictadura de Franco, ha jugado un papel político trascendental, amén de haber sido el partido que más años ha gobernado el país desde la restauración democrática de 1978.

Sin embargo, el desencanto de la sociedad producido por la gestión de la crisis económica de Rodríguez Zapatero y, lo que es peor, el abandono al que las bases populares de izquierdas han sometido a la formación socialdemócrata tras los recortes sociales y económicos que el citado Ejecutivo se vio obligado a realizar en mayo de 2010 presionado por Berlín y Bruselas.

Una travesía triste por la legislatura

 

La travesía que ha realizado el PSOE durante esta legislatura es aún más trágica, si cabe, que la del PP. De hecho, todo lo ocurrido durante ella puede calificarse de negativo, salvando el Oasis – espejismo de las autonómicas de mayo  tras las cuales y gracias a los pactos con otras formaciones de izquierdas el partido de la rosa recuperó alcaldías y comunidades autónomas, además de la victoria electoral en Andalucía.

Pero aparte de esto, como digo, todo ha resultado muy en contra de los intereses socialistas: no han sido capaces de recuperar el voto indignado con las políticas del PP, tampoco han sabido formular unas propuestas creíbles que sirvieran de aliciente a sus votantes para que les dieran su apoyo, las centenarias convicciones ideológicas del partido se disuelven como un azucarillo en un vaso de agua tras cada conferencia y asamblea y se vuelven a cada paso más moderadas y “gubernamentales” en el sentido peyorativo de la palabra.

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A esto se suma con un discurso que el votante izquierdista siente incoherente y alejado de la realidad y un líder que cada vez muestra una imagen peor y más confusa en los medios de comunicación.

Sánchez: de bella esperanza a posible enterrador en menos de un año.

 

Tras el fracaso de las #Elecciones Europeas del 24 de Mayo de 2014 el que era entonces secretario general del partido, Alfredo Pérez Rubalcaba, anunció su dimisión y abandono de la vida política, y convocó un proceso de primarias para elegir el que debía ser su sucesor. Tres candidatos se presentaron a dicha convocatoria: Eduardo Madina, Pérez Tapias y #Pedro Sánchez.

Fue este último el elegido mayoritariamente por las bases del partido, confiando en su imagen y su perfil moderado para recuperar el voto centrista que siempre se ha considerado mayoritario en España. Pero esa elección ha resultado, a todas luces, errónea.

Resulta que el votante centrista medio de España mira más a la derecha política que a la izquierda, y que para gran parte de él el PSOE seguirá siendo considerado un partido izquierdista al que no tiene intención de votar.

Además, y para aumentar la herida, el votante izquierdista, mucho más crítico y al que hay que ofrecerle mucho más que imagen para asegurarse su voto, no olvida que Pedro Sánchez fue, entre otros, el que firmó en el año 2011 la modificación del artículo 135 de la Constitución en la que se limita severamente la independencia económica de España.

Aparte de todos esos mimbres, se suma la pobre imagen que Sánchez está dando en la trascendental campaña electoral que estamos viviendo. Una paupérrima imagen, tanto en mítines como en debates, en los que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, le está mostrando todas y cada una de sus debilidades y ante el que Sánchez parece desfigurarse y volverse cada vez más “pan sin sal”, más “mediocre”, y su look se asemeja al del “enterrador” de su partido.