Con la psicosis provocada por los gravísimos atentados terroristas en Paris y con el añadido de dos partidos internacionales de fútbol suspendidos por este motivo (y suerte que en el Francia-Alemania del viernes no entraron los terroristas kamikazes), pasa desapercibida una fecha histórica: el 20 de noviembre.

Los más jóvenes dirán que un 20 de noviembre fue la fecha de las últimas elecciones generales, donde el PP de Mariano Rajoy ganó por mayoría absoluta, mayoría que perderá en las nuevas de otro día 20, el de diciembre, ya que ganará, pero sin la mayoría suficiente. O que el 20 de noviembre es la fecha elegida para el estreno de la secuela de la película “Ocho apellidos vascos”, vayan a saber por qué precisamente ese día.

Los más viejos recordarán que un 20 de noviembre, de hace 40 años, 1975, falleció Francisco Franco Bahamonde, autonombrado “Caudillo de España por la Gracia de Dios”. El que llevaba casi los mismos años en el poder, 36, gracias a una dictadura que consiguió sobrevivir a la caída de sus “colegas” Mussolini y Hitler, igual que Portugal.

El que pudo poner como pretexto para su dictadura aquello que el conjunto musical Jarcha, en su gran canción “Libertad sin ira”, empezaba diciendo: “Dicen los viejos que en este país hubo una guerra”. Una Guerra Civil con un millón de muertos, miles de exiliados, represaliados o fusilados y culturas como la catalana prohibidas. No entraremos en los antecedentes de la misma, sólo que España necesitaba cambios que otros países tuvieron, pero España no.

Después de su muerte, España tuvo que reinventarse y reciclarse a toda prisa para ponerse a la altura de esa Europa de la que quería formar parte.

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Con Franco era imposible, sólo le era útil a EE.UU. en la Guerra Fría contra el Comunismo, sobre todo si su Presidente era republicano, no demócrata (Roosevelt, Truman, Kennedy y Johnson jamás visitaron oficialmente la España franquista, al contrario de los republicanos Eisenhower, Nixon y Ford).

No me convencerán con las presuntas bondades de aquel Régimen. Recordemos cómo a los españoles se les caía la baba por las francesas primero y luego por las suecas, en medio de su represión sexual, que hoy, a quienes podemos entrar gratuitamente en toda clase de páginas porno, les parece como si hubieran ellos vivido en el Iran de los ayatollahs o en el territorio de Estado Islámico. Un país “perfecto” sabe hacer que sus habitantes jamás envidien a ningún otro, sino que sea el resto del mundo el que envidie al país. Algo que la España franquista sólo consiguió con sus acólitos.

Los más jóvenes creerán también que Franco era como aquel viejecito excéntrico, casi siempre con cara pálida y gris, cuando no en blanco y negro, que el programa “Polònia” parodiaba con tanta inteligencia, vendiéndonos “El Régimen de Franco” como si fuera un producto de la Teletienda para adelgazar.

Sus guionistas sabían buscar la ironía sutil para mostrar cómo era de opresivo su Régimen: “¡Pásate a la dieta con más de 40 años de experiencia! (…) Sólo requiere disciplina y mano dura. Y lo más importante: ¡Sin hacer ejercicio! (…) Observen a este obeso rapaz: así terminó [de perder peso] después de 20 años y un día bajo mi Régimen”.

Si ven a políticos extranjeros actuales que admiran al Caudillo, no encontrarán muchos que lo digan abiertamente. Como no se conformen con la excéntrica familia Le Pen, con un padre que abandonó a su mujer por otra más joven, una hija divorciada y arrejuntada, una nieta ilegítima y casada de penalti… #Historia antigua