Desgraciadamente, tras los acontecimientos del pasado viernes 13 en París, ha habido un boom informativo desmesurado por parte de la prensa escrita, audiovisual y online.

Día a día, vamos escuchando en la televisión nuevas noticias sobre las detenciones y el origen de éstas. Debates, acumulación de declaraciones de testigos espontáneos, datos que no sabemos de dónde proceden… La población se asusta y muchos se ven privados de poder seguir con su rutina por miedo a sufrir un atentado cuando menos se espera, o lo que es peor, miran con miedo a cualquier persona de características orientales sin razón, simplemente alimentados por prejuicios.

Bien es verdad, que desde el pasado mes de junio, España alcanza el nivel 4 de alerta antiterrorista, que en las grandes capitales y centros neurálgicos de turismo y ocio (en grandes capitales como Madrid y Barcelona, por ejemplo) aumenta aún más esta histeria colectiva.

Aun así, debe cuidarse mucho de dónde recibimos la información. El Gobierno y los ministerios son principalmente los focos iniciales de proclamación de posibles peligros para la ciudadanía. Son ya muchos casos en los que por las #Redes Sociales (Twitter, Facebook o Whatsapp) se lanzan alarmas exageradas en cadena que la multitud, ahora más sensible, cree a pies juntillas. Gracias a las plataformas de seguridad en esas mismas redes, entidades como la Policía Nacional han llegado a desmentir y tranquilizar a la población inmediatamente.

Para concienciarnos y tranquilizarnos, la mejor arma es el conocimiento contrastado. El miedo lo da la ignorancia y debemos saber combatirlo. En España la población musulmana compone solamente un  3’6% (1’7 millones)  de nuestra comunidad, según la información obtenida en 2014.

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Son inmigrantes, como nosotros en el pasado, han venido buscando un nivel de vida mejor, independientemente de su religión. Estamos hablando que de cada 100 habitantes, casi 4 son musulmanes, y mayoritariamente provienen de Marruecos por la posibilidad fronteriza. Comunidad que, abiertamente, ha participado con el dolor colectivo ante estos últimos sucesos.

También surge ahora el problema que afecta directamente al colectivo de refugiados, que desesperadamente va introduciéndose en Europa de las maneras más inhumanas y dolorosas posibles. El radar de desconfianza también está alcanzándolos y haciéndoles los obstáculos más duros, pues se ven obligados a combatir contra la sospecha de que sean terroristas.

No podemos poner firme y radical remedio a estas nuevas circunstancias, sólo el Gobierno puede. Pero está en nosotros, en los pequeños gestos, no participar de este racismo, miedo y engaño actuales. #Unión Europea #Terrorismo