Qué tiempos aquellos. Aquellos en los que soñábamos, sin límites, sin que la vida real pusiera barrera alguna a nuestras mentes infantiles o adolescentes. Soñábamos despiertos y soñábamos dormidos. En esas representaciones mentales, éramos héroes reverenciados, famosos actores o escritores, espías, astronautas... O, simplemente, éramos alguien que, recostado en el sofá de un apartamento inmenso y moderno, miraba a través de las enormes ventanas con un vaso de algo muy caro en la mano mientras se regocijaba internamente en su éxito indiscutible. Quién sabe. Hay tantos sueños como mentes pensantes. Los sueños son gratis, no importa qué financia los escenarios ni los accesorios de los sueños.

O no importaba. Ahora la realidad ha infectado nuestros sueños.

Hubo un momento en que sabíamos que llegaría aquella vida monótona de facturas, trabajos, horarios... familia, quizás. Una vida que sería feliz, pero demasiado común, demasiado alejada de la grandeza de nuestros sueños secretos. Pero sabíamos que siempre tendríamos nuestros sueños para escapar de la realidad cuando esta se volviera un poco monótona. Algo que imaginar y disfrutar después de una larga jornada de Trabajo.

Pero... Ay. Abrimos los ojos y nos apartamos de esas ensoñaciones hollywoodienses. Y nos encontramos con que esa vida aburrida de la que planeábamos escapar visionando como, cual James Bond o Sarah Connor español, salvábamos el planeta con gracia y glamour... Esa vida, es ahora nuestro sueño.

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Desempleados. Desesperados. Miles recorren las calles con su carpeta de curriculums en el bolso, inscritos en docenas de webs de búsqueda de empleo que cada vez nos producen más desengaño, ofertas de 200 euros al mes (o "no remunerado", que últimamente se estila mucho), una vida laboral de días, contratos (que no contratos) de prácticas que no parecen importar demasiado a estas alturas.

Los sueños cambian. Soñamos con una vida en la que podamos tener una cuenta corriente en la que mensualmente, sin excepción, entre un sueldo que podamos llamar digno. 800, 900 euros. Incluso nos atrevemos, ahora, a soñar con llegar a ser lo que un día provocaba lágrimas en los ojos de los españoles preocupados por el futuro de sus jóvenes. "Mileuristas", los llamaban. Un problema, una Crisis que entonces ocupaba portadas, es ahora el sueño de miles de jóvenes que pasean y esperan en las oficinas del INEM. Que, ateos, rezan cada noche para que les concedan esa beca con tantas tasas y documentos compulsados que sus cuentas han quedado diezmadas. 

Ahora soñamos la vida de la que pensábamos escapar con la ayuda de Morfeo, dormidos o despiertos.

Soñamos un futuro que, ingenuos, erróneos al darlo por sentado, ahora parece cada día, cada mes, cada año, cada curriculum rechazado... más lejano. Más imposible. Miramos atrás, a nuestros años de formación. A nuestras fotos de orla.  A nuestros títulos de ciclos superiores. Nuestros FPs. Y nuestros sueños ya no son sueños. Son los desvaríos de una realidad condenada para una juventud frustada que ya ni en su imaginación puede encontrar consuelo.Quizás, tal vez, soñando fuera de nuestras fronteras. ¿Qué os parece eso? Hasta nuestros sueños han tenido que emigrar.