El ex portavoz del PP cuando el Gobierno Aznar, que ya se puso a la gente en contra obsesionado en una delirante cruzada personal contra el Director del Hospital Severo Ochoa de Leganés con que en aquel hospital sus médicos eran “nazis” (por presuntos casos de eutanasia), ha rozado el terreno puramente delictivo con sus palabras contra Artur Mas, deseando sin ningún complejo su pronto fusilamiento.

La violencia y la rabia es algo normal en el ser humano, hay gente que sabe controlarla mejor o peor, y la Humanidad, sobre todo en Occidente, ha sabido hacer Leyes que condenan la violencia en afrontar delitos de cualquier tipo.

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Pero Miguel Ángel Rodríguez parece empeñado en llamar la atención, como si se creyese un gurú al que han de seguir miles y miles de personas, como si fuera Jesucristo, vamos, pero sólo llega al Carlos Jesús que decía que venía del planeta Raticulín.

Cada intento del PP de frenar a los independentistas ha fracasado, cada día consigue que gente honrada, que no se mete con nadie, incluso la más fiel al partido en Catalunya, piense que esto no puede seguir así y que incluso vería bien un referéndum, como el de Escocia. Eso, MAR (siglas de este personaje) no sabe captarlo de manera civilizada y se le escapan ideas más propias de la Edad Media o de cuando se retaba a duelo a gente.

Muy bonito si se resuelve todo en la civilizada Europa así. Luego se quejan él y los de su partido de las parodias aquellas de Canal + Francia, incluida la de Rajoy como un mendigo rumano en París. 

Pero hay alguien que también es claro candidato a troglodita, el Pablo Mármol (MAR sería Pedro Picapiedra). Me refiero a Arcadi Espada, uno de los fundadores de Ciutadans. Como articulista, le gusta ser tan polemista como Federico Jiménez Losantos, pero su nada disimulada misoginia y machismo le ha llevado a despreciar la manifestación feminista del sábado. Hoy mismo han estallado las redes sociales con su demencial arrebato contra la mujer en general, peor que los que tiene Santiago Sostres.

Espada, que parece que quiera ser como la famosa arma medieval, llega a calificar la protesta contra la Violencia de género como “una desvergonzada instrumentación que hacen las mujeres de izquierdas, la intención real es el beneficio económico”. Y lo dice en un artículo titulado “El negocio del sexo”. Considera aquella manifestación “absurda” y desea “que pronto se celebraran otras contra el cáncer de próstata o el suicidio”. Y utiliza toda clase de demagogia para demostrar cómo los hombres son maltratados, incluso recurriendo a “las altas cifras que alcanzan la mayoría de sociedades nórdicas, caracterizadas desde hace tiempo por niveles mucho mayores de igualdad sexual”.

Yo criticaría, a título personal, que algunas mujeres han caído en lo que denuncian en los hombres, es decir, usar a un chico sólo para presumir ante sus amigas o acostarse con él y adiós.

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Se les ha contagiado ahí el machismo. Pero hace falta que los hombres pongan de verdad de su parte. Los hombres occidentales sí han intentado evolucionar, al contrario de los del Tercer Mundo.

Las mujeres que se manifestaron son respetuosas con sus amigos, eso no lo entenderá jamás Espada, ni tampoco el golpista Queipo de Llano en 1936, que pedía “violar a las mujeres republicanas, para que sepan lo que es estar con hombres de verdad, y no milicianos maricones”, en un inenarrable discurso bélico. Alguien así está enterrado en la Basílica de la Macarena sevillana, como si fuera San Francisco de Asís.