Quienes el sábado pasado optamos por sentarnos frente a la TV a fin de encontrar alguna película, hemos descubierto por sorpresa que La Sexta, optó por la emisión de un peliculón clásico que cada vez que lo miramos mejora y se supera: El show de Truman.

Estamos en un mundo completamente materializado en donde el morbo está a la orden del día porque básicamente no hace más que vender y de eso se trata. No me van a decir que si no vendiera, si no interesara y directamente, si no se consumiera, al igual lo íbamos a tener diariamente en nuestras narices.

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No he podido evitar preguntarme acerca de la paradoja que supone una meta Televisión dentro de la televisión y de lo bien lograda que está la película. Paralelamente, es curioso ver el resultado desde el ángulo de visión que habitualmente asume en su papel —el que quiera que sea—, la cadena emisora.

Me resulta un filme irónico, pero no tanto como cuando tengo suerte y tiempo de encontrarme con la emisión de Cuarto Milenio y escuchar las ya conocidas reflexiones de Iker, —en un intento desesperado pero muy bien premeditado de dar qué pensar—, emitiéndose en una cadena en la que si tuviera una frase a modo de eslogan —desconozco si la tiene—, sería algo así como «Para qué mentir, nosotros somos la cadena circo. Calla y míranos o cambia de canal».

Los premios Ondas…

Hablando de este programa, recientemente se le ha entregado el Ondas al mejor presentador. Muchos estarán de acuerdo, otros no. Ahora le ha tocado a Iker Jiménez. Hace un tiempo había sido el turno de Jorge Javier Vázquez.

Ahora bien, «mejor presentador» de acuerdo a qué, bajo qué conceptos. No olvidemos que todos están en el ajo y nosotros también por verles.

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Cuando desde fuera, desde el «a pie», se critica la caja tonta, debemos tomar consciencia de que si no fuera por el conjunto social que indudablemente nos incluye, no existiría. Por tanto, más allá si de los propios contenidos son buenos o no, creo que es como un juego implícito en el que si no te das cuenta de lo que realmente está en el trasfondo, pierdes.

Si la crítica está, es porque lo que hacen llama la atención. Me da la sensación de que el premio Ondas es un claro ejemplo de ello. Podéis decir que atonta, podéis decir que educa, pero su enigma es que siempre hay un debate a su alrededor.

Ironías y sarcasmos aparte, afortunadamente hay un sinfín de opciones a fecha de hoy. Internet ha permitido una mejor democratización de los contenidos y de lo que vemos, por tanto debería, en la teoría, ser más fácil de vislumbrar cuál es la verdad. Si es que la hay.

¿Es malo usar Internet para obtener información?

Sin embargo, autores como Chomsky, justifican y argumentan con válidas posiciones que nos encontramos ante el exceso de información más grandioso de la historia.

Por tanto, según el lingüista, es erróneo tomar una posición ciega hacia esta opción al tomarla como la única válida.

Estamos hablando de un eterno afán por democratizar Internet y de hecho, incluso, lo que conlleva su uso diario en nuestras vidas cotidianas hasta el punto en que determinadas organizaciones intenten ponerlo en el estatus un derecho básico de carácter universal.

De toda esta parafernalia, sólo resta decir que habiendo leído tanto —sin lugar a dudas me falta muchísimo aún por leer ya que nunca podré conocerlo todo—, creo que el verdadero conocimiento es la propia toma de conciencia de la eterna ignorancia. 

Y si tenemos una enorme referencia para la obtención de la información, tanto de bibliotecas como de Internet, no deberíamos ceñirnos únicamente a una sola y exclusiva posición a la que solemos llamar de manera habitual y realmente genérica en un aspecto tildado de válido mejor conocido como «la verdad».

Como sí esta fuera la única expuesta, cuando en realidad, no se trata más que de simples informaciones que suman para que en conjunto, finalmente podamos crear nuestro propio universo crítico respecto a un determinado tema.

«La felicidad está en la ignorancia de la verdad» Giacomo Leopardi.