Abriendo Twitter esta mañana, me encuentro con que entre las tendencias del momento, o Trending Topic, está la frase “Juan Carlos y Corinna”. La abro y me encuentro con el artículo del diario El Español, sí, el de Pedro Jota, otro que también tuvo su romance tórrido extramatrimonial, que cuenta todo lo que pasó entre Juan Carlos I y Corinna durante tres años.

También me encuentro con parodias, eso que llaman “memes”, como uno en que aparecen Homer y Marge Simpson desnudos en la cama, cuando eran jóvenes y él, aunque cueste imaginárselo, tenía pelo en la cabeza y estaba delgado. Se supone que representan a Juan Carlos y Corinna discutiendo sobre asuntos de Estado sin asesores al lado, o qué sé yo.

Entonces pensé que, como inmortalizó el inefable programa Gran Hermano, el Monarca y la aristócrata alemana tuvieron un “edredoning”. No voy a entrar en si ello es lícito o no, por que entraríamos en lo de las páginas webs que ofrecen la posibilidad de tener líos fuera del matrimonio para esposas aburridas. Y ahí las comprendo, yo mismo estuve enamorado años de una de ellas, y era una bellísima persona, siempre sincera y jamás me mintió.

Volviendo a Juan Carlos y Corinna, ahora los mismos medios que dijeron que todo eso eran calumnias, que todo es por que hay mucha envidia ante el Rey emérito y todo eso, recuerdo que hace años era casi un dios, todos hubieran dado la vida por verle recibiendo el Premio Nobel de la Paz (lo decía hasta el personaje del escritor que encarnaba Antonio Ferrandis en “Volver a empezar” de José Luis Garci). Pero lo de la cacería de Botswana arruinó su imagen en pocos segundos.

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Y ya conocen lo que siguió.

Algunos hemos visto por Internet el excelente reportaje de Canal + Francia “Juan Carlos, el crepúsculo de un Rey” sobre la vida del Monarca, sus líos con Corinna, su extraña implicación en la muerte accidental de su hermano (con el historiador Paul Preston diciendo que le dijo a la cara a Juan Carlos si todo fue un accidente, y que el aludido le contestó que sí), la obsesión del guardaespaldas de los entonces Príncipes Felipe y Letizia por que “nadie puede dirigir la palabra a los Príncipes, lo dice la Constitución” (algo que es mentira, la presentadora del reportaje lo sabía), o las alusiones de Juan Carlos a Franco siempre poniéndole en un altar. O las parodias que el “Polònia” de TV3 le hacía, algo que ya son un clásico…

Este reportaje fue criticado por los medios españoles, que les sirvió para poner verde a Canal + Francia en su obsesiva campaña antifrancesa desde lo de Les Guignols de l’Info, ya comentada aquí. Y mirándolo con objetividad, hace un interesante retrato de Juan Carlos I sin caer en la hagiografía, y también sin recrearse en el morbo, aportando detalles históricos poco conocidos, que acaba magistralmente con el abucheo que Felipe y Letizia recibieron en el mismísimo Gran Teatre del Liceu barcelonés de la clase alta de Barcelona. Es decir, que el cuento de hadas que nos vendieron era como todos ellos, pura fantasía, pura ficción.

Además, da voz a gente que las pasa mal, como los parados de Vallecas que viven de la caridad y luego reivindican “España / mañana / será republicana”.

Si Felipe VI, actual Rey de España, quiere limpiar la imagen de la Monarquía, no debe de hacerlo con iniciativas tipo tergiversar la ópera “Don Carlo” de Giuseppe Verdi, convirtiendo a su antecesor Felipe II en un Michael Landon del siglo XVI. #Rey Felipe #Rey Juan Carlos