Dicen que la Historia es cíclica. Un bucle que vuelve una y otra vez al principio cuando toca el final y éste se convierte en principio.

 Paradójicamente, es necesario conocer el final para conocer el principio.

 España paró el contagio de la Revolución Francesa con una especie de apertura por parte de la clase dominante –en esos momentos la Nobleza- y se inventó una llamada Ilustración “a la española”.

 "Todo para el Pueblo, pero sin el Pueblo” fue la frase precisa, exacta, magistralmente compuesta para que el Pueblo siguiera bajo el yugo de los de siempre, pero esta vez con la promesa que se gobernaría para ellos y con el mensaje implícito de que lo de Francia no podía pasar aquí, ya que ese llamado Pueblo no estaba preparado para tan alta labor.

No te pierdas las últimas noticias Sigue el canal Historias

 Ciertamente, no lo estaba. Las oligarquías se habían preocupado de no dar acceso a la educación más que  a los que habían de sucederles y sólo aceptaban la intrusión de una burguesía adinerada por la falta de empuje de la aristocracia y a la que atrajeron regalando títulos en lo que incluso se establecían diferencias entre la vieja nobleza y la nueva; quedando está última como  de peor cuna, pero necesaria.

 El Pueblo no estaba preparado para gobernar; pero si para dar el susto que hubiera necesitado toda esta partida de siniestros personajes que nunca fueron capaces de llevar algo de Justicia y Progreso a aquellos a los que les prometían todo, pero sin ellos.

 España se levantó un día dispuesta a cambiar, y lo hizo.

 Pero soltar de repente algo tan reprimido trajo sus consecuencias que, a la par, fueron alimentadas por aquellos que veían perder sus privilegios en pos de una ciudadanía en proceso catártico tras siglos de humillación.

 Aparecieron ahí figuras pseudo políticas que arrastraron fervientes seguidores de la mal entendida Grandeza de España. Figuras con las que, quienes acumulaban la riqueza de un país en la miseria, no tenían ni tan siquiera ensuciarse las manos ni gastar oratoria para convencer de la vuelta a lo de siempre.

 José Antonio Primo de Rivera  saltaba a los ruedos con sus mensajes patrióticos, tradicionalistas y justicieros.

Vídeos destacados del día

Muchos lo creyeron y, sobre todo, muchos ciudadanos de la miseria también.

 Triste destino el de este hombre tan “usado” para todo y por todos.

 El sueño del pueblo fue desbaratado con fusiles, las ideas enterradas en cunetas junto a los maestros que pretendieron cambiar la lógica impuesta que no permitía entender otra lógica más que la de que existen cunas y pesebres, amos y sumisos…después, la nada o el caos.

 Ni ha un año, miles de ciudadanos salieron a la calle para decir “basta”. Pero apareció el primo de Rivera otra vez, cual figura resucitada que convence hasta a los que siguen, como sus abuelos, habitando la miseria.

 El niño guapo, el mejor yerno para cualquier mamá; acompañada de unas señoritas que juegan a dar valor a sus vidas con su dedicación política para luego contarlo en el bar más snob que encuentren y verse por la tele de la misma manera que un concursante MH&V.

 España hoy tiene miedo, como siempre lo tuvo. “Virgencita, virgencita que me quede como estoy” “¡Vivan las cadenas!”

 España, la que nunca tuvo una Revolución en su ciclo; o, si la tuvo, la rompieron los fusiles que dejaron a los maestros en las cunetas que ahora, los de siempre, los del principio y final del bucle, se niegan a abrir.

Tal como si pensaran que ese es su sitio por atreverse a pensar.