La situación es crítica:¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Se tratade educación: es difícil escapar de unsistema de abuso de los recursos en el que hemos aprendidoa vivir. Hemos sido educados para dependerde unas necesidadespoconecesarias. Nos hemos acostumbrado a dedicar nuestro tiempo en generar ingresos que nos permitan saciar unas necesidades implantadas. Nos han enseñado que necesitamos más ydebemosaspirar a más.

Venimos agotando los recursos de nuestro planeta en aras de un progreso (in)discutiblementebueno y nos estamos quedando sin lugar en el que VIVIR. Producimos, explotamos y agotamos,abocados a una auténtica Crisis de civilización en la que urge replantearse nuestros valores,nuestroprogreso.

Necesitamos un cambio de paradigma -ardua tarea- y el primer paso es asumir que no va a ser fácil, que hay que empezar en uno mismo y que ni nuestra generación ni la que nossiga veráel cambio.

Tacharel objetivo de utópico no esla solución.

Un cambio puede ser la democraciaeconómica, propuesta por David Schweickart. En una democracia económica, las empresas y fábricas son propiedad de la comunidad y sus beneficios se destinan al bien común. Nadie tiene más que nadie, a menos que se decida porun proceso democrático. Una democracia real, no una“en la que dos lobos y una oveja deciden qué van a cenar” que diríaStephen Moore.

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Historias

Se trata deun modelo que explota los recursos, de formamoderada y autorregulada por las necesidades "reales" de los hombres.

¿Y si elproblema sonlas aspiraciones de los hombres? Necesitamos“vivir” másgrande y abandonamos el entorno rural. Hayque progresar y eso no es compatible con vivir deuna huerta que permita el autoabastecimientoy el intercambio de bienes con nuestros vecinos; sin televisión, cine, coches, videoconsolas, bares de copas.., con distancias tan cortas que resulta absurdo tener un teléfono móvil.

NECESITAMOSencontrar un buen empleo y costear todos los caprichos que nos ofrecen los escaparates. No tenemos alternativa. Hayque formar una familia, comprar una casa e hipotecar nuestra vida porque nuestros hijos necesitanmás que nosotros, en un no parar de consumir y explotar.

Nuestra consciencia está tan lejos del entorno rural, cuna de todo... ni valoramoslo que tenemos ni discriminamos las necesidades de las que no lo son tanto.

No estoy en contra del progreso. Denuncio lafalta de consciencia, no querer ver el problema y no querer participar en el cambio porque seadifícil. Creo en el progreso y en todas las posibilidades que ofrece: la literatura a la que tengo acceso, la música, elconocimiento.., pero no puedo defenderel sistema que lo impulsa. En un progreso "con cabeza", las cosas no irían tan rápido, pero daría tiempo a renovar los recursos, a diseñar métodos de extraerlos menos agresivos que no nos condujeran a la situación en la que nos encontramos.

No creo en laspolíticas de sostenibilidadque promueven seguir progresandoen la misma dirección, pero dañando el planeta un poquito menos. No creo que la solución nos la denlos más poderosos, inculcandoque no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita.

Nos toca anosotros enseñara no depender de los caprichos de un progreso artificioso, valorar los recursos naturales y la Tierra en que viveny caer ya en la cuenta de que somosel origen de la solución.

La situación es crítica y un cambio de paradigma es posible.“Si los malos hacen publicidad, qué hay de malo en que la hagan los buenos”.

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