Ayer se emitió de nuevo Gran Hermano límite 48h. Unos minutos antes de que empezase en la emisora Los 40 Principales le hicieron una minientrevista a Mercedes Milá, presentadora de Gran Hermano e imagen por excelencia de dicho programa. En YU, programa donde la entrevistaron, uno de los comentaristas afirmó que una de las cosas que no le gustaba de GH16 era que seguía una moda. Una inexplicable, traumatizante y triste moda.

Desde que la televisión se instaló en nuestros hogares hemos visto lo mejor de lo mejor. Buenos actores en las películas, buenos periodistas en los informativos, buenos presentadores y especialistas en los programas.

En ellos teníamos fuentes de información y cultura, modelos de comportamiento y personas a las que admirar. Pero con el paso del tiempo, y de manera un poco inexplicable, tanto los integrantes como los propios programas han mutado a una especie de circo gobernado por "lo peor" de cada estrato social.

Ya no interesa ver a un experto en historia hablando de las novedades en las investigaciones de Tutankamón, pero ver a dos jóvenes peleando como gatas en celo por un poligonero en MYHYV dispara las audiencias. Hemos llegado al punto en el que hemos entronizado la estupidez humana. Aquellos que dicen, de forma muy orgullosa, "haiga", que presumen de no saber qué es un gentilicio o que afirman que Franco es o ha sido el rey de España son los mismos que inundan nuestras televisiones y plagan nuestras horas de entretenimiento.

Vídeos destacados del día

Muchos de los espectadores, en especial las nuevas generaciones, inician peregrinaciones a los pubs frecuentados por tronistas, pretendientes, exconcursantes de todo tipo de reality... buscando fotografías, relaciones o solo llegar a formar parte del mismo show recorriendo los platós relatando su historia. Esos Susos en potencia, Ristos respondones o Ylenias oxigenadas son las nuevas aspiraciones de nuestros hijos, hermanos, sobrinos o hermanos. Aclarando que recorrer discotecas, chulear de no llevar ropa interior y considerar un viaje por distintas cadenas televisivas contando su vida sentimental y sexual una carrera inteligente y prometedora.

Una de las pocas cosas positivas que podemos sacar de aquí es que algunos de los periodistas "de verdad", aunque hayan sucumbido a los sueldos y el famoso propio de esos programas, reconocen este idiotismo generalizado. Sin ir más lejos, en el GH límite 48h de ayer reconocieron que pese a que había gente con más principios, sentido de la justicia o compañerismo en la casa por lo que ellos pagarían es por ver de nuevo a Suso escondido en el confesionario comiendo lo que acababa de robar a sus compañeros. Desgraciadamente eso es lo que hoy en día gusta: gritos, insultos, edredonings, cuernos, lloros y dramas, aunque seamos capaces de ver que se trata de un guión.