El Sistema Judicial actual tiene muchas taras, alguna de ellas incomprensible en los tiempos que corren puestos que prácticamente es cuestión de sentido común. Las condenas no suelen satisfacer, por regla general, a ninguno de los dannificados, y en caso como el de Laura González mucho me temo que pasará lo mismo.

Y es que cuando un desalmado, sin escrúpulos, sin ningún tipo de humanidad tiene la osadía de acercarse al lugar dónde trabaja una joven dignamente, tiene la paciencia de rociarla con gasolina, y luego le prende fuego sin ningún tipo de remordimiento, ¿qué condena que no sea la pena de muerte o la cadena perpétua puede hacer justicia a tan atroz delito?¿Qué puede pasar por la cabeza de un padre que ve que el asesino de su hija puede quedar en libertad en apenas unos años?

Y es que no es la condena en sí, son los matices de la misma.

La buena conducta, las actividades que realices, la educación que muestres... Todo esto resta días de prisión, por lo que un energúmeno con el presunto asesino de Laura, a poco listo que sea, puede estar en la calle a los pocos años. Todo pasa por saber controlar su situación, y en este caso, tiene pinta que tonto del todo no es.

Hoy ha pasado por los juzgados, y no se le ha visto excesivamente nervioso a pesar de que unas 250 personas le estuvieran esperando y le increparan desde la distancia - el despliegue policia era intenso con el fin de que nadie se acercara a él. La familia de Laura aún no se ha secado las lagrimas de una irreparable pérdida, se le ha arrebatado un pilar importante en la familia, sin pudor. 

Laura era una joven comprometida con su gente, querida por todos aquellos que le conocían y una mala elección amorosa le ha costado la vida.

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Y es que no se entiende por qué sigue existiendo gente de esta calaña, no tenemos por qué seguir permitiendo el tan manido recurso de estos impresentables de "o eres mía, o no eres de nadie". Cada personas es dueña de su vida, de su destino, y nadie tiene la potestad para arrebatárselo, sea quién sea.

Da rabia que alguien sea capaz de hipotecar su propia vida, con tal de hacer daño, de provocar sufrimiento. Y en vista de lo suave que es la ley con ellos, la crispación que se provoca en la sociedad puede ser incontrolable.