Después de las fuertes imágenes que dieron la vuelta al mundo del pequeño niño sirio ahogado que yacía en una playa de Grecia, el vídeo de la periodista que zancadilleó sin escrúpulos a refugiados o las fotos del bebé que nació con una herida de metralla en Siria, nos llega una imagen mucho más tierna y conmovedora de la triste situación que atraviesan los refugiados sirios.

Su autor es un fotógrafo griego llamado Lefteris Partsalis, que tras compartir la foto en las redes sociales, corrió como la pólvora por internet. Él mismo cuenta que tras llegar a Lesbos, una pequeña isla de Grecia a la que no paran de llegar refugiados sirios debido a su cercanía a la costa de Turquía, trató de fotografiar embarcaciones hundidas, refugiados llorando y otros tipos de escenas dantescas.

Pero tras ese primer día, Lefteris cambió de opinión y buscó algo distinto, más allá de ese primer plano, convencido de que lo encontraría.

La foto muestra a tres abuelas griegas, sentadas en un banco. Una de ellas sostiene a un bebé, dándole el biberón. La madre del bebé se encuentra de pie y esboza una sonrisa.

El fotógrafo explicó como consiguió la imagen. Cuenta que se encontró a las tres abuelas sentadas, a su lado estaba una joven refugiada con un bebé en brazos que no paraba de llorar. Una de las abuelas le preguntó en griego a la joven Mujer si podía coger al bebé, que ella sabría como calmar al bebé. La mujer accedió y entonces fue cuando se produjo la magia, el bebé paró de llorar inmediatamente acunado en las manos de la anciana. Fue justo el momento en el que Partsalis inmortalizó el momento.

Vídeos destacados del día

Una imagen vale más que mil palabras, nos demuestra que aún existe humanidad en la raza humana. Una abuela que no entiende o no quiere entender sobre política, razas o religiones pero que sí demuestra conocer el sufrimiento de las personas. Una excelente foto, más allá del sensacionalismo de los medios, que motiva la concienciación de la sociedad. Una concienciación que parece nunca llegará a los políticos europeos, enquistados en sus cargos, ajenos al sufrimiento y al dolor del pueblo, tanto del ciudadano europeo como de los refugiados sirios. Mientras tanto, los dirigentes de los países afectados intentan pasarse el problema unos a otros como si de un partido de tenis se tratase, sin ofrecer solución alguna, con miles de personas durmiendo al raso que no pueden permitirse esperar más.