Todos recordamos aquellos nefastos días del 11-M y lo que siguió hasta que el PP perdió las elecciones, a medida que se conocían más datos y pruebas de que los 192 muertos los provocó Al Qaeda y no ETA.

Jorge Dezcallar, entonces jefe del CNI, cuenta en su autobiografía “Valió la pena” que dimitió de su cargo cuatro días después de las elecciones, que ganó el PSOE de Zapatero. Cuenta que todo se hizo así “No para conocer la verdad, sino para salvar la imagen personal de un Presidente”. Dimitió por teléfono, ya que Aznar no quiso recibirle.

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Cuenta que le obligaron desde Moncloa a hacer una declaración a la Prensa desmintiendo rotundamente la nueva pista que apuntaba a Al Qaeda y que la Prensa mundial ya seguía.

“Me sentí engañado y manipulado al servicio de torpes intereses partidistas”, dice. Aunque dijo en el mismo que no abandonaba ninguna pista, fuera de quien fuera.

Y le fastidió mucho enterarse tarde de que ya se habían detenido a tres sospechosos islamistas. Es más, dice que el CNI fue excluido en todo momento de aquellas investigaciones, llevadas por el Ministro del Interior, Ángel Acebes, y por Ignacio Astarloa, Secretario de Estado en la materia. “Si el PP demostraba que fue ETA, hubiera revalidado la mayoría absoluta”.

Recuerda Dezcallar otro terrible hecho ocurrido un año antes, en 2003, el accidente de aviación en Turquía de 62 militares españoles, negándose a cumplir la orden de Aznar, por el Ministro de Defensa, Federico Trillo, de enterrar a toda prisa a los muertos, aunque no estuvieran bien identificados, como así fue.

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Pero eso no fue todo: durante años hemos tenido que aguantar cientos de portadas, se me hizo eterno, de El Mundo con presuntas exclusivas que demostraban, según su director, Pedro Jota Ramírez, que fue ETA la autora, y nos aprendimos de memoria términos químicos como Titadyne, nombres como Trasorras y toda clase de teorías conspiratorias que iban desde Rubalcaba a los servicios secretos marroquíes, cuando no los franceses, para impedir que el PP siguiera en el poder.

Desde hace tiempo, en la Estación de Atocha, cada día 11 de cada mes, un grupo de gente llamado Peones Negros, que no son trabajadores africanos de la construcción, sino gente que se manifestó muchas veces, apoyada desde El Mundo, se manifiesta pidiendo “saber la verdad del 11-M”, según ellos manipulada, pero no como hemos contado aquí hace unas líneas.

 

Aunque cada año son menos, cada vez más olvidados por la gente, cuya presencia es más pintoresca que otra cosa para los viajeros del tren en Atocha o para los viandantes, se siguen manifestando, con pancartas, un tenderete de camisetas tipo mercado persa y algunas proyecciones en vídeo, como de telepredicadores evangelistas.

Sus discursos son como de otro tiempo y lenguaje de novela decimonónica.

 

Pedro Jota Ramírez fue defenestrado de la dirección de El Mundo, y en pocos días funda oficialmente un nuevo diario, aunque on line, como el de su antiguo amigo Federico Jiménez Losantos, otro insistente orador en conspiraciones de todo tipo contra Aznar. Mientras, George W. Bush, amigo de Aznar, que no tuvo reparo en denigrar a Francia por no secundarle en Iraq y presentarlos como unos degenerados, no le ayudó a sacar pruebas contra Zapatero por el 11-M. Sencillamente, por que no tenía nada contra él referente a aquellos días. Sólo le atacaba, igual que a Francia, por serle “desleal”.

Este libro nos recordará el tema, pues ahora, sin los ya citados, sólo sale el 11-M cuando su aniversario.