Irene Lozano a pasado de los hashtags con los que le ponía la etiqueta de corrupto al traje del PSOE a vestirse con esa misma prenda.

Y es que no hay nada mejor que la cercanía de unos comicios electorales para cambiar de parecer, de traje y de bandera si hace falta, que un escaño en el congreso de los diputados no es asunto baladí, ni mucho menos.

Buen sueldo, dietas, notoriedad social y una agenda de contactos que puede asegurar un futuro brillante lejos de la política.

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No es para tirarlo por la borda del barco de los ideales, sentarse en el Congreso de los Diputados bien vale una misa y el cabreo de UPyD unido al de buena parte del PSOE, porque con las encuestas actuales el patio de butacas no está para añadir chica nueva, si se sienta, será a costa de dejar las posaderas de otro sin asiento.

Y como el asiento lleva añadido lo anteriormente reseñado, la furia hispana ha hecho acto de presencia y las puñaladas verbales ya se cruzan en los medios de comunicación. No hay peor manera de dejar un escaño que cederlo a quien te ha estado poniendo como un trapo en la anterior legislatura, así que Irene Lozano, la nueva chica estrella de Pedro Sanchez y número cuatro de la lista por Madrid, tiene menos amigos en el partido socialista que Joan Tardá en una peña taurina.

Guillermo Fernández-Vara ha hecho honor a su segundo apellido y le ha atinado ya a Irene un ramillete de latigazos verbales, para que pida perdón por la ristra de Tweets que les dedicaba a los que ahora son sus compañeros, mensajes escritos por Irene que ahora se tendrá que aplicar a sí misma, porque aunque los borre, ya se han tomado todas las capturas de pantalla necesarias como para estar recordar de por vida esos piropos, es lo que tiene Twitter, pocos caracteres para escribir y mucha memoria como para olvidar.

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He usado la palabra banquillo en el título, por dos razones, la primera por la similitud que tiene con el mundo del fútbol: fichaje estrella nuevo y titular de la plantilla que calienta el banquillo, que es también un elemento de los juzgados, donde se resuelven los casos de corrupción, etiqueta preferida de Irene Lozano para referirse a los que ahora son sus compañeros de viaje.