La NASA ha sacado a la luz 8400 fotografías inéditas en alta resolución sobre el programa Apolo que llevó al hombre a la Luna (pueden verse en la web The Project Apollo Archive). Imágenes captadas por los propios astronautas, incluyendo el alunizaje del Apolo XI. Sorprende ver que, aún hoy, hay numerosas personas que cuestionan el mayor hito de la Historia. Son los llamados apoloescépticos (alcanzan el 20% en EE.UU.). Uno de los más radicales defensores de esta teoría conspiranoica es el periodista Bart W. Sibrel.

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"¿Usted es el que va diciendo por ahí que estuvo en la Luna, aunque nunca estuvo?... ¡Usted es un cobarde, un mentiroso y un ladrón!", increpó al astronauta Edwin Aldrin hace trece años en un hotel de Beverly Hills.

El segundo hombre en pisar la Luna le respondió con un soberbio puñetazo, harto de sus continuas provocaciones.

Los apoloescépticos afirman que el alunizaje fue un montaje urdido por la NASA en contubernio con el gobierno USA. Esta delirante idea surgió a través de una pequeña obra titulada Nunca fuimos a la Luna (1974), de Bill Kaysing. Uno de los argumentos más utilizados es que en las fotos tomadas en la Luna no aparecen estrellas en el firmamento. La explicación es muy sencilla: las fotos se efectuaron con un tiempo de exposición mínimo (una fracción de segundo), para evitar la sobreexposición causada por la luz solar.

La luz emitida por las estrellas es muy débil. Se habrían captado si el tiempo de exposición hubiese sido superior a 20 segundos. Cada argumento defendido por los apoloescépticos se refuta fácilmente.

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Otra "prueba" para ellos es que la bandera colocada en la Luna ondeaba ¡por una brisa de viento! Puede verse en la filmación. Pero no hay ningún misterio. La bandera desplegada por los astronautas estaba sostenida sobre un mástil rígido horizontal. Tras ser agitada para colocarla debidamente, el movimiento de la bandera siguió unos instantes debido a la falta de rozamiento por la ausencia de atmósfera. Luego se quedó totalmente estática.

Tampoco es ningún enigma que las sombras proyectadas sobre la superficie lunar no aparezcan paralelas. No se debe, como aseguran, a que hubo varias fuentes de luz, sino a la propia irregularidad de la orografía lunar más el efecto de perspectiva. También niegan los viajes espaciales porque las radiaciones de los cinturones de Van Allen que rodean la Tierra son nocivos. Olvidan que el tiempo de exposición de las naves es muy breve y van muy protegidas.

En el viaje a la Luna participaron 400.000 técnicos y 5.000 empresas de todo el mundo (no solo la NASA coordinó la misión, sino también astrónomos independientes, radioaficionados y estaciones de seguimiento de varios países).

Los astronautas trajeron 382 kg de roca lunar y se examinaron en laboratorios de todo el mundo. Colocaron, además, instrumentos para medir los seísmos, los impactos meteóricos, el viento solar, la órbita lunar, etc. Algunos todavía siguen operativos. ¿Y por qué no se volvió más? Porque no había nada más que hacer en la Luna. Además, comenzaron los recortes presupuestarios (la misión Apolo costó 25.000 millones de dólares) y el objetivo principal ya se había cumplido: demostrar al mundo —sobre todo, a la Unión Soviética— la supremacía tecnológica de EE.UU.

En definitiva, no existe la menor evidencia para afirmar que el hombre no pisó la Luna y que todo se urdió en un estudio preparado para simular los paseos lunares. Para mí, negar la epopeya lunar es demostrar una ignorancia absoluta.