Exponía en su Facebook una noticia sobre la donación de 17 millones de euros del Sr. Armando Ortega para que la Sanidad gallega se provea de todo tipo de aparatos para la detección y cura del cáncer.

Este, mi buen amigo, recibía la noticia con agrado y loaba la actitud de Don Amancio.

No soy nadie para intervenir en la alegría de quien ve como algo estupendo  esa donación.

Existen muchas personas que ven el acto como una demostración de altruismo y otras que lo que ven es que, para donar esas cantidades, ha de tener otras más abundantes; defienden la donación, pero sobre todo, su defensa se basa en la “ocasión”. No aceptan que, aunque vivan toda la vida en la más absoluta miseria, se les quite el derecho a ser como Don Amancio: rico, muy rico.

¿Qué les quedaría si instaura una economía de reparto justo? No perderían su dinero, puesto que no lo tienen; perderían la ilusion, la oportunidad de tenerlo.

Ellos piensan que el poco pan que reciben tendrían que repartirlo y lo peor de sus miedos es que les quiten esa oportunidad que, pobres miserables, sólo tienen cuando rellenan una quiniela.

La donación de Ortega corresponde. proporcionalmente a su fortuna, a lo mismo que cualquiera de nosotros, en situación de pre-precariedad, podamos colocar en una hucha de esas de la Asociación Española de Lucha Contra el Cáncer, la cantidad de 40 exquisitos céntimos o dos monedas de 20, porque una de cincuenta ya es demasiado para nuestro bolsillo.

La Sanidad Española es una conquista que abarca generaciones que nos pasarán cuentas porque no hemos sabido defenderla.

Poco a poco, sigilosamente nos la están arrebatando porque en ella hay negocio.

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Nos la roban y la roban a nuestros hijos, la amañan con juegos de palabras y externalizaciones; culpando a inmigrantes y dejando que el Sr. Ortega  se chulee de su dinero mientras se ha librado de pagar una cantidad doble a la Hacienda Pública; mención aparte de lo que esta donación le desgravará.

Hacienda, la caja común de todos de donde salen los pagos a los hospitales, a los investigadores, al sentimiento de estar protegido frente a la enfermedad de la misma manera que lo está el rico Don Amancio.

Nuestra fortuna es común y así deberíamos de entenderlo y enorgullecernos.

No se aúna en torno a un solo hombre y su grupo de accionistas.

Sí, es cierto, da trabajo a miles de personas; pero roba, les roba la dignidad, roba en el momento de declarar sus impuestos, roba a la Sanidad por un lado y regala millones por el otro; todo para recibir el alago de aquel que o no medita o cree que es ético acumular tanta riqueza a costa de las espaldas de seres humanos. #15M #Empresas