Su Director de Campaña lo achaca al enorme temple emocional del Presidente. Sharon lo intentó todo, quiso poner en un aprieto a Rajoy con sus preguntas, pero recibió evasivas. Siguió su táctica con aquella que sacó los ojos de sus órbitas a medio mundo; pero tampoco, el Presidente permaneció impasible, correcto, como si nada ocurriera.

Desde el PP lo achacan a su temple y categoría humana; “está a lo que está, para resolver los problemas de los españoles”.

Uno (que soy yo) se pregunta desde su mesa el cómo va a solucionar esos problemas una persona sin emociones o, quizás, se las hubiéramos notado poniendo a Cristiano Ronaldo en boxers en el lugar de Sharon.

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Aunque si fuera así, tendríamos a un Presidente que las esconde  y eso significa algo todavía peor a la hora de entender los problemas de una sociedad.

Todo está en la sensibilidad; aquel que no muestra con total fiabilidad la suya, se acostumbra a ser un simple actor de lo que acontece; tan sólo eso. 

No puede ni sabe ni pretende llegar a entender los problemas que planean sobre las personas que le han concedido la facultad de gobernar; y, mucho menos, las de aquellas que no querían que llegara al lugar que ocupa.

Pantallas de plasma... pasemos a la siguiente pregunta...

Su obsesión por el final del túnel le ha llevado a caminar sobre los más indefensos, pisotearlos, desvincularlos de su carrera hacia una luz que apenas parpadea y de la que nadie tiene la seguridad que permanezca encendida una vez nuestro timonel de la amable sonrisa llegue. 

Sale igual de una entrevista incómoda que de otra en la que sólo falta que le cepillen el traje y lo saquen a hombros del plató. Es insustancial, tan poco creativo como el anuncio de un cerrajero pegado a una farola.

Pero, algo tiene claro: tiene amigos. Amigos en los que deposita su confianza y acaban traicionando la misma. Pero él ni se inmuta.

Su flema sólo es superable por el cinismo del triangulo amoroso que componen su persona, la Sra. Cospedal y la suprema Esperanza Aguirre.

Ellos tres se manejan una España que se aletarga cuando confunden la inopia con el buena gobernanza. 

El barco se hunde, todos miran al capitán; este permanece impertérrito.

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Entonces -para ellos- el barco no se hunde. Nadie se da cuenta de que ese capitán pondría la misma cara entrevistado por Ana Blanco o con un cruce de piernas de Sharon Stone.