Lo justifican en aras del entretenimiento e incluso se creen con un derecho divino por el simple hecho de que los aludidos hayan entrado al juego de cobrar por salir en los programas de Telecinco, pero lo cierto es que las últimas actuaciones de los colaboradores de Sálvame están teniendo graves consecuencias, no sólo para el bolsillo de los criticados, sino también para su integridad física ¿Dónde está la línea entre el entretenimiento y el respeto al trabajo y a las personas?

La situación más grave la contábamos ayer y es que tras una información de Kiko Hernández, en la que insinuaba que María José Campanario compartía foto "subiditas" de tono con un amigo, la aludida acababa en el hospital con traumatismo craneoencefálico.

Al parecer esta información provocó una grave discusión con su marido, Jesulín de Ubrique, que al final tuvo graves consecuencias debido a un accidente doméstico.

Sin ir más lejos, el viernes pasado, Rosa Benito y Chayo Mohedano fueron excluidas del pregón de un barrio de Lugo que tenían contratado. Y es que el ambiente hostil que este programa proyecta sobre estas dos cantantes pudo ayudar a que los residentes de este barrio arremetieran contra la junta festera y manifestará su desacuerdo con que Rosa y Chayo actuaran de pregoneras. Al final, y para evitar un altercado público, se recomendó suspender el pregón y Telecinco y Sálvame lo contaban como un logro propio.

Ayer, en Sálvame Deluxe, le tocó a Amador Mohedano que días antes había entrado a trapo con una entrevista, por la que cobró de Telecinco por poner verde a los colaboradores de Sálvame.

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El programa trasladó una cámara a su local de ocio “La más grande” para seguir las evoluciones de la noche, a lo que Amador contestó cerrando el local.

Según el portavoz de los trabajadores de “La más grande”, el local tuvo que ser cerrado ya que las reservas se habían cancelado al saber que iba a haber cámaras de Telecinco. Este portavoz también reprochó las críticas de Sálvame sobre la gestión del local por parte de Mohedano e instó a que se parara la mala publicidad sobre el local ya que está afectando al bolsillo de los trabajadores.

Lejos de solidarizarse con las peticiones de los trabajadores, María Patiño y sus colaboradores se esforzaron en ridiculizar al “mensajero” e insistieron en que la culpa era de Amador Mohedano por entrar al juego de cobrar de la cadena para expresar sus discrepancias con Sálvame.

Aunque la discrepancia y el escarnio público de los personajes es el día a día de Sálvame, parece que el verano y la pérdida de audiencia en los meses estivales han hecho que los contenidos del programa vengan cada vez más ácidos y agresivos con el propósito de recuperar la audiencia perdida. Aunque sería bueno recordar la famosa frase de que no siempre los fines justifican los medios.