La matanza del Toro de la Vega, en la localidad de Tordesillas Castilla la Mancha, está declarada como una fiesta de interés turístico nacional desde el año 1980. La realidad es que de un tiempo a esta parte está yendo en ascenso tanto las protestas de grupos que protegen a los animales como su desprestigio.

Ante la falsa disyuntiva de “Taurinos” contra “Antitaurinos” se vienen desarrollando en los últimos años episodios que enfrentan, simplemente, a gente que protege a los animales contra otra gente que los maltrata, disfruta maltratandolos cruelmente y convierte este maltrato en espectáculo.

Sin embargo, para desmentir a aquellos que asocian estas malas costumbres ancestrales con rasgos ultranacionalistas o fascistas dentro de la cultura española, tenemos el dato de que en el año 1963 el General Franco, dictador de España desde 1936 hasta su muerte natural en 1975, aprobó un decreto por el cual se prohibía la celebración, y por supuesto la muerte del toro, del Toro de la Vega.

Si “Rompesuelas” hubiera nacido en el 63 se hubiera salvado.

Una tradición, alegan los defensores de perseguir a caballo y lancear a un animal indefenso hasta matarlo, que tiene más de 500 años de historia. Argumento que los ministros del Generalísimo Franco parece que no tuvieron en cuenta cuando decidieron prohibir, hasta el año 1966, los festejos de Tordesillas. La razón de peso era que semejante festejo “perjudicaba la imagen exterior de España”.

Mira por dónde diría mi abuelo Francisco- quien tuvo que emigrar de España para salvar el pellejo después de la guerra civil- el dictador se había puesto sensible y antitaurino cuando le convenía. Luego, paradojicamente, con la democracia española se volvió a permitir el festejo legal de la fiesta bárbara y sangrienta donde cientos de personas, en su mayoría autóctonos de esta parte del país, persiguen desaforadamente, de a pie y de a caballo, a un animal indefenso hasta atravesarlo y matarlo con una lanza.

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Mucho se puede decir al respecto de esta monotonía bárbara que por lo visto recorre más de 500 años de historia española.La antiguedad de la matanza de un animal no convierte a este hecho cruel en tradición, tampoco justifica ni valida nada. Hace 500 años los conquistadores españoles mataban a los indios, violaban a sus mujeres y se quedaban con sus riquezas en nombre de la cristiandad y la civilización.

Hoy en día los libros de historia reconocen aquellos episodios como vergonzosos y muy desafortunados para la historia española y de la humanidad. Lo mismo que la esclavitud de los africanos en los Estados Unidos, o el aprtheid en Sudafrica. Una injusticia, una barbarie, cualquier matanza, tanto de seres humanos como de animales,  podrá convertirse en tradición, pero –repito- en nada justifica ni habilita una costumbre cruel, gratuita e injustificada, que nada aporta a nuestra condición humana, sino más bien que la retrotae  a la oscuridad de los tiempos más primitivos y penosos del ser humano.

Con todo, basta decir que muchos políticos se han pronunciado al respecto, la mayoría en defensa de los animales y contra su maltrato.