De acuerdo al índice de progreso social, la República Dominicana es uno de los países más violentos del mundo, si apartamos aquellas naciones que se encuentran en guerra en estos momentos. Esta noticia la ha publicado blastingnews. La República Dominicana, un país que desde hace muchos años tiene un crecimiento constante de su economía, en la actualidad el más alto de Latinoamérica, pero que a la vez cuenta con la mayor desigualdad social del continente, ha caído, debido al narcotráfico, la delincuencia, el desempleo y el descuido de renglones humanísticos importantes como el deporte y la cultura, a un puesto nada deseable en el ranking de los países más inseguros para vivir. 

          Sin embargo, he colocado dos veces en mi muro de facebook el índice de inseguridad y de progreso social, a través de enlaces de dos medios virtuales diferentes, y mucha gente me responde que no, que el país no se encuentra todavía en esos niveles de violencia.

Al mismo tiempo, una cantidad de lectores dominicanos ha puesto en entredicho la veracidad de esta información en sus comentarios por este mismo medio. La pregunta sería, entonces: ¿por qué la gente se niega a aceptar lo que estos indicadores sociales informan?

          La respuesta se encuentra quizás en el hecho de que los dominicanos hemos vivido una existencia idealizada. Viviendo en una pequeña isla del Caribe, compartiendo el territorio con Haití, el país más pobre de América, que ni siquiera habla nuestro mismo idioma y con el cual siempre hemos estado de espaldas, nuestra insularidad ha provocado que no podamos comparar nuestra vida cotidiana con nada más allá de nuestras fronteras marítimas. Solamente la influencia de los Estados Unidos, nuestro principal destino como emigrantes, ha podido contrarrestar la idea de país ideal que tenemos.

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Pero también tiene que ver con la forma en que está constituido el estado dominicano. El gobierno tiene contratada una gran cantidad de periodistas que responden a los intereses gubernamentales, sin ningún recato, y que minimizan la delincuencia y la inseguridad a través de los medios de comunicación, y magnifican los logros gubernamentales. Esto no se ve como una forma de Corrupción, sino como algo normal de profesionales que tienen que ganarse la vida. Al mismo tiempo, el estado es el principal empleador del país, lo que ha convertido a la República Dominicana casi en una nación socialista. 

          En nuestro país existe una tarjeta llamada Solidaridad, mediante la cual se le entrega una pequeña cantidad de dinero a “familias pobres”, también se entrega el Bono Luz; el Bono Gas; se les regala el almuerzo a los estudiantes de las escuelas públicas, a veces hasta los libros y los útiles escolares.

          Con este panorama clientelista, el estado dominicano se encuentra atrapado en una red que él mismo ha construido.

Para cumplir con una nómina tan alta y con tantos regalos a sus acólitos, sumado además al porcentaje elevado que se pierde a través de la corrupción (de acuerdo a la sociedad civil entre un 6 y un 9% del PIB), el estado releva a un segundo plano renglones que, a largo plazo, podrían disminuir la violencia: la cultura; el deporte; el medio ambiente; la calidad de la educación independientemente de la construcción de escuelas, esto último uno de los pilares de este gobierno. Pero la causa principal se encuentra, me parece, en la permisividad de los dominicanos hacia el clientelismo y la corrupción. Ninguna señal nos muestra que esto vaya a cambiar a corto plazo.

          ¿Es la República Dominicana uno de los países más violentos del mundo? Sinceramente, creemos que no. Lo que sí sabemos es que la inseguridad ha aumentado a pesar del crecimiento económico, que han aumentado la pobreza y el desempleo. Sin embargo los dominicanos no lo vemos así, en un estado de ensoñación y de ceguera que provocará que la situación se agrave, puesto que el estado no tiene planes ni proyectos para vencer a largo plazo un problema tan complicado.