En la guerra de Vietnam, una estremecedora imagen de una niña vietnamita de unos diez años que huía desnuda, al caerle encima una ráfaga de Napalm que incendió sus ropas y le provocó graves quemaduras, asustó a la opinión pública internacional, sobre todo a la de EE.UU., que creía que iban a salvar el Vietnam, como dos décadas antes a Europa, y ya nunca más apoyó a sus soldados.

Al volver a su país, muchos de esos soldados eran recibidos por jóvenes hartos de aquella guerra como si fueran asesinos, sobre todo de niños. Aunque años después las películas de Chuck Norris y las de Rambo intentaron, eso sí, de manera tendenciosa, limpiar el honor de aquellos soldados, y con la ayuda inestimable del Presidente Ronald Reagan (que apoyaba el rodaje de aquellas películas), aquella mancha se quedó para siempre.

Ahora la cosa es diferente, no está Occidente en #Siria, pero hay dos bandos enfrentados a muerte que oprimen a sus habitantes: la dictadura salvaje de El Assad II y la de Estado Islámico, cada una con sus métodos. Hemos visto edificios de gente como nosotros bombardeados y destruidos, de tal manera que no se diferencian nada del gueto judío de Varsovia que los nazis arrasaron.

La gente de Siria, aparte de la de Libia, arrasada en una guerra civil por el error de cálculo de Nicolas Sarkozy, que creía que derrocando él solito al dictador Gadafi ganaría a François Hollande en las Presidenciales francesas, busca un lugar donde vivir en paz, huyendo de masacres y demás locuras humanas varias.

Hasta ahora, la indiferencia era absoluta, con declaraciones de rechazo, incluso de chulería, por los Gobiernos europeos.

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Pero ha bastado ver una terrible imagen del cadáver de Aylan Kurdi, un niño sirio de tres años ahogado en una playa de Turquía para que la gente cambie de opinión ante la tragedia.

Islandia, que hace años dio ejemplo de encarcelar a los causantes de la crisis económica mundial actual, quiere acoger a muchos de esos refugiados desesperados, aunque sea un país pequeño y de apenas 300000 habitantes.

En el otro lado está Hungría, cuyos dirigentes, de extrema derecha, que muchos de ellos son antijudíos y que niegan el Holocausto, reaccionan al revés y quieren internarlos en campos de acogida”, que en realidad serán lo contrario. Ahora, a toda prisa, han endurecido sus Leyes para evitar más llegadas de refugiados, sean con vallas, Policía con más poderes o penas de cárcel.

Un niño sirio dijo a las cámaras de televisión lo que en realidad quieren sus compatriotas es: “No queremos ir a Europa. Sólo queremos que paren la guerra en Siria”. Una frase genial: ellos no quieren dejar su país, a nadie le gusta dejar su tierra, a no ser que busque otras zonas mejores.

Sólo que alguien vaya allí y paren la guerra, como EE.UU. hizo en Iraq o hace siete décadas en Europa.

Internet se ha llenado de solidaridad con los refugiados. La familia del niño muerto pidió asilo en Canadá, que fue denegado. Aunque ahora sí se lo ofrecen, el padre dijo, indignado, que ni hablar.

Con el hashtag “RefugiadosBienvenidos, en Twitter ha habido interesantes opiniones, como “Hubiese sido genial que fuera desde el inicio y no por el miedo a perder votos”, “¿Llevan 5 años en guerra y ahora os enteráis?” o “Nada se arregla con hashtags, viñetas o citas solidarias. El mundo tal y como va debe colapsar y reinventarse” o “No nos importa la raza, credo o nación. El corazón que ama, ama sin más”. #Inmigración #ONU