Ya están convocadas las elecciones catalanas del 27 de septiembre, con todo lo que viene con ellas y de lo cual se lleva meses hablando. Pero ha habido un contraste de reacciones según los protagonistas de las mismas. Tranquilidad en #Artur Mas y sus aliados de la lista unitaria. En los unionistas, más bien lo contrario, no saben si amenazar con el apocalipsis para Catalunya o la cárcel para Mas, o no saben si intentar ganarse a los catalanes como sólo un catalán sabe hacerlo, valga la redundancia, ya que es “de casa”.

El inesperado anuncio del inefable sindicato Manos Limpias, cuyas actitudes no parecen de un sindicato, ya que en vez de convocar huelgas de trabajadores presenta denuncias a cual más pintoresca, como aquella al programa infantil de TVE “Los Lunnis” por mostrar una boda gay en un capítulo, ayuda más a la lista unitaria soberanista.

Dan ganas de decir al líder de Manos Limpias, Miguel Bernad, que esas amenazas funcionarán en su pueblo, que seguramente aún viven en tiempos pasados y no saben que se ha descubierto la pólvora y se ha descubierto América. Catalunya es un país civilizado, al contrario que el mundo en que vive Bernad, más cercano a una película de Chuck Norris en donde a la gente se la regenera en aquellas granjas “Echa la droga de América” que el mismo actor patrocina. Y los catalanes serían para él como aquellos delincuentes.

Los días previos a la campaña electoral necesitan buena estrategia e inteligencia. El PP ha tenido que sustituir a Alicia Sánchez Camacho para, a la desesperada, poner a Xavier García Albiol, el cual se da baños de multitudes en las televisiones españolas conservadoras, evidentemente, y que sigue mostrando solamente propuestas primarias, más aptas para gente ruda y atrasada (lo digo por sus propuestas xenófobas), para contrarrestar el voto independentista.

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Y ello es muy pobre recurso, que funcionaría igual que con lo de Manos Limpias.

Ya conté muchas veces en este periódico cómo se preparó lo de Escocia, cómo supieron ambos bandos convencer o no a los votantes, y cuando ganó el No, al ver los colectivos que votaban más Sí o No, se veía si el país estaba lo suficientemente evolucionado para volver a ser independiente (lo fue hace siglos). En Catalunya, la cosa es bien diferente.

Si las mujeres escocesas votaron No, lo más sorprendente, las catalanas no tienen ese problema. Escocia aun es un país machista, y Catalunya ha evolucionado mucho en eso, más que España, deben reconocerlo. Los viejos son los que pueden decidir la balanza del voto. Si son catalanistas que sufrieron la prohibición de su lengua y su cultura durante 36 años, votarán Sí seguro. Si creen que sus pensiones no estarían seguras con un nuevo país, o algo que les perjudique, votarían No. Una labor más de un psicólogo o un sociólogo que de un político puro y duro.

Si gana el Sí, Catalunya se preparará para su futuro, pero no como si fuera Argelia, que eso quieren vendernos los unionistas (los franceses se fueron huyendo del país en 1962), ni tampoco como la ex Yugoslavia con sus genocidios locales.

Se preparará para que la cosa funcione, o si hubiera las dificultades exteriores que dicen que habrá.

Pero si gana el No, corresponde al Estado español administrarlo sin rencores ni paternalismos, que ya no funcionan, y que tan terribles resultados ha dado al país, lo que motivó mucho desinterés ante lo español y la ciega admiración a lo “de fuera”, al contrario que los franquistas. #Cataluña #Independencia