Una de las periodistas entrevistadas en ‘Las caras de la noticia’ reconoce que todo su empeño, que todo lo que se repetía a sí misma antes de salir al directo e informar del asesinato de su compañero José Couso, era que no podía llorar. Otro de los periodistas reconoce haberse pasado toda una emisión, mientras los espectadores veían el vídeo del que se estaba informando, llorando a moco tendido. No hace muchos años, una periodista fue fulminantemente despedida porque no pudo reprimir las lágrimas durante la retransmisión de una noticia en directo.

Las lágrimas de los presentadores y reporteros es un tema que siempre ha generado mucho debate.

La lucha de la presencia del morbo –el llanto como llamador de audiencias–, en contraste con la humanidad de unas lágrimas imposibles de reprimir. Más allá del Martes de carnaval, del periodista que capta la imagen ante la imposibilidad de hacer otra cosa, está eso, la humanidad, el no olvidar que el periodista es también una persona. Rosa María Calaf apunta en el documental que es “peligrosísimo” cuando el enviado especial se “disfraza” y a la guerra “se la viste con una estética cinematográfica”. A eso, añade otra verdad, también repetida pero no siempre asimilada: "Solo los periodistas vivos cuentan historias”. El miedo también es amigo de esta profesión.