Mientras celebrábamos algunas semanas antes el acuerdo que alcanzaron Irán y los países occidentales para poner fin la tensión nuclear que tanto quebradero de cabeza provocaba a la comunidad internacional, a la espera de saber si realmente el pacto perdurará a largo plazo, me preguntaba como iba a reaccionar el régimen norcoreano ante esta noticia que ya es histórica. Y tardaron una semana en dar el rebote que para los estudiosos de Corea del Norte y de lo nuclear les parece un retroceso que queda en lo arcaico.

Corea del Norte ya ha dicho oficialmente, mediante el portavoz del Ministerio de Exteriores del país socialista, que ellos no están interesados en retomar el diálogo para reducir la tensión nuclear e insisten que ellos tienen el pleno derecho a tener armas nucleares para enfrentar a sus enemigos “hostiles” en caso necesario.

También aclaran que el concepto del programa nuclear suyo es claramente diferente al de iraní pero lo que no dicen en voz alta es que ambos han tenido dichas armas contra los países adversarios y que a estos dos países las sanciones de organizaciones como la Unión Europea y las Naciones Unidas fueron impuestas. ¿Qué clase de diferencia hay en ella?

Aunque habíamos visto recientemente por los medios de comunicación, imágenes repetitivas que no tienen cambios de avance visual de militares orgullosos de las armas fabricadas y saludando a la élite política del país, el programa nuclear norcoreano ya empezó a plantearse justo después de la firma de armisticio de la Guerra de Corea. Y desde los años 60 hasta 80 la ayuda técnica y financiera de su gran aliado como la Unión Soviética era imprescindible.

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Su objetivo era provocar el sobresalto del gobierno surcoreano. Tanto que el entonces presidente Park Chung-Hee también ideaba competir en el ámbito nuclear pero la negativa de Estados Unidos dicho plan se estancó.

El mantenimiento de las plantas nucleares por todo el territorio norcoreano se hizo prioritario. Más cuando desde los años 90 el colapso económico del país era demasiado visible y que se convirtió en la única forma de sostener el régimen ante la caída de su sistema que podía haber ocurrido. Durante la hambruna que empezó en 1995, sin decir nada a su población exhausta, los miembros más destacados del Partido de los Trabajadores seguían produciendo elementos nucleares que el proceso de producción habrá costado en su totalidad miles de millones de dólares.

A pesar de que Ahmadineyad estuvo ocho años de Poder en Irán, la relación con Corea del Norte y Corea del Sur ha sido más o menos fructífera. Una correspondencia impecable a nivel económico con Seúl y a nivel político con Pyongyang.

Pero con el moderado Rohaní y con esta noticia anunciada, podría ser que Teherán se acerque más a Seúl, Bruselas y Washington que con un régimen que apenas toma contacto con el exterior y que estará en desacuerdo con el pacto logrado. Si antes la hostilidad iraní era con el Occidente, ahora será que Kim Jong-Eun, con los ánimos perdidos, comience a orquestar la enemistad con un país que durante varios años intercambiaban componentes de fabricación de armas nucleares.