El día que nací, la naturaleza me asignó el sexo varón pero nunca me he sentido como tal: he sido una criatura sana,guapa,y con el pelo rizado, salvo con una peculiaridad, que en vez de niña,me veían niño.

Cuando cumplí dos años, las veces que mi madre y yo nos quedábamos solas,yo le pedía que me llamase con nombre de niña,y ella lo hacía. Jugábamos a las casitas, a las muñecas,y yo era plenamente feliz.

Fui creciendo,y en el colegio,con tres años,yo tenía más amigas que amigos,me identificaba con ellas,y nos reíamos juntas. Siempre he sido muy feliz a pesar de que a medida que iba creciendo,los niños,sobre todo ellos,me llamaban por un calificativo del cual yo no sabía su significado.

Yo me sentía niña,porque siempre lo he sido,y en lugar de llamarme niña me llamaban con palabras extrañas. Para mí, lo peor llegó cuando supe su significado y me dí cuenta que en realidad lo que querían era hacerme sentir mal. Yo no comprendía nada de nada,pero me dejaba llevar por lo que me hacían sentir. Por momentos era bastante infeliz,sólo en esos momentos en los que el trato hacía mí no era como yo esperaba.

Así continuó mi vida hasta que a los cinco añitos,le pregunté a mi madre que por qué yo tenia un órgano sexual masculino y mi hermana uno femenino, mi mamá me contestó que yo,físicamente era un niño. Le pedí que me quitara eso, mamá contestó que eso sólo era posible con una operación cuando le pedí que me la hiciera me dijo que no podía ser hasta que fuese mayor.

Yo seguí sin ir a los baños de niños, ni de niñas lógicamente, porque no podía,y seguía siendo feliz en casa, donde podía ser yo misma.

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Pero esa frustración tenía que salir por algún lado,así que dejé de hacer los deberes, no hacía los exámenes,por lo que mis notas se resintieron. Mis padres se extrañaron de que una persona que cognitivamente estaba perfecta,no aprobase nunca los exámenes; los profesores se frustraban conmigo,creían que yo no prestaba atención pero no era así. No quería salir a la calle casi nunca; cuando mis padres y mi hermana decidían ir a algún sitio,me quedaba en casa,pues ahí era el único lugar donde era yo misma. Me gustaba quedarme viendo videos de recetas de cocina, trucos de belleza...

La vida no es fácil en nuestra sociedad,y nosotros lo tenemos particularmente difícil,ya que legalmente no nos pueden llamar legalmente por el nombre con el que nos sentimos identificados,al nacer con el género opuesto. También hay una serie de protocolos que hay que superar para poder tener un tratamiento que lleve tu físico a parecerse al género con el que te sientes identificado.Es muy duro en la infancia y en la adolescencia tener la paciencia y la conformidad suficiente para llevar a cabo dichos protocolos, necesitamos el apoyo incondicional de nuestros padres,hermanos, familia en general.

Aunque también comprendo que las personas mayores, de nuestra familia,lo tienen bastante difícil para entender el cambio que tenemos que hacer en nuestro cuerpo, debido a que en las personas de su generación eso era impensable,aunque yo,personalmente opino,que las mujeres en general,ya sean amigas, tias,primas,hermanas, incluso abuelas,y por supuesto las madres, pueden hacerles comprender al resto de la familia nuestra situación, y hacer que nos apoyen en nuestro cambio,es decir,el llamado tránsito.

El tránsito es una palabra mágica,que significa,que haremos el cambio de la mejor manera posible y dedicándole el tiempo necesario,y,si es posible,contando con el apoyo de nuestros seres queridos En mi caso,puedo decir con mucho orgullo que en ésta época tan dulce y deseada de mi vida,cuento con el apoyo incondicional de las personas que más quiero,y que a su vez, son quienes más me quieren a mi,que son mi hermana, mi padre,y mi madre.