Vivimos en una sociedad de continuo cambio en el que hay que destacar para sobrevivir a la saturación que nos sobresalta. En los tiempos que corren, ahí fuera, el mercado es una guerra, y los participantes que no sepan marcar la diferencia quedarán eliminados. Por desgracia no en todos los sectores hay sitio para todos.

Hoy en día vemos como algunas marcas ocupan nuestra mente con una serie de sentimientos y adjetivos ligados a ellas que difícilmente cambiaremos porque se han posicionado tan bien que ya nada ni nadie podrá sustituirlos. No hace falta ni que las nombre porque ya tendrás alguna sobrevolando tu mente y, es más, coincidirán con la de muchos lectores porque muy pocas marcas consiguen hacerlo tan bien como para estar en el top of mind.

Hablo de las lovemarksaquellas que enamoran a sus consumidores gracias a su engagement. Las marcas que consiguen serlo no son precisamente las que realizan una publicidad intrusiva y repetitiva, y se obsesionan en crear necesidades. Son aquellas que generan contenido, nos caen bien porque hacen cosas por nosotros, y no sólo hablan de ellas mismas.

A los consumidores de las lovemarks no les importa qué es lo que tiene el producto de novedoso, o en qué se diferencia de la competencia, su confianza es tal, que con dinero comprarían cualquier producto de la marca aunque no lo necesitasen. Tienen fe ciega en él, son consumidores evangelistas y saben perfectamente que les encantará el producto o servicio porque la marca les encanta. Son fieles consumidores que cuando hablan de su lovemark lo hacen con amor y la defienden con uñas y dientes porque se sienten identificados con ella, porque comparten los mismos valores y porque seguramente la marca haga algo por ellos y no solo se preocupe de comunicar lo guapa y lo bien que lo hace, se interesa por su consumidor y por crear branded content para él. 

Es una relación de amor, la marca y el consumidor están continuamente aportando cosas el uno al otro, son amantes, porque difícilmente sobrevivirán el uno sin el otro.

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Además la fidelidad también es muy importante entre ellos, las marcas están continuamente a punto de sufrir un ataque de cuernos cuando sus clientes compran a la competencia y los consumidores a veces se vuelven locos si las marcas desaparecen.

Este debería ser el objetivo de cualquier empresa, pero está claro que no cualquier producto o servicio puede crear este grado de deseo. Lo que sí podemos hacer es trabajar al máximo lo que tenemos, fijándonos siempre en el de al lado para poder llamar la atención más que él, arreglar los errores que él está cometiendo para mejorarlos y convertirlos en nuestros puntos fuertes.

Dejar de preocuparnos por vender y crear una necesidad, empezar a intentar ser los mejores y, cuando seamos los mejores, entonces seremos necesidad. El mayor error que podemos cometer es pensar únicamente en nosotros, hay que dedicarle tiempo al consumidor para que se sienta escuchado y resultarles interesantes, evitando así que éstos solo quieran huir de la publicidad. Hay dos opciones: marcar la diferencia y ser necesidad o perderse en la monotonía y que desaparecer se convierta en la única necesidad.