Hoy se decía en Twitter, con mucha ironía, por ejemplo en la cuenta del periodista Gonzo (“El Intermedio”), que no se hablara hoy del aniversario del fusilamiento del poeta y escritor Federico García Lorca “por que reabre heridas”. Una obsesión del partido del Gobierno actual, que no tiene que ver con la de otros partidos de la derecha moderada europea, que ya aceptaron los terribles errores de sus países cuando la II Guerra Mundial que les llevaron a padecer dictaduras.

Pero el planeta entero sabe distinguir entre mito y realidad, y sabe que Federico fue injustamente fusilado, primero por los prejuicios de la época (su homosexualidad) y después por su compromiso con la España republicana.

Aunque algún amigo me dice que “si viviera hoy Lorca, votaría al PP”, no debemos olvidar de que el poeta andaluz fue una de miles de víctimas inocentes de ambos bandos al estallar la Guerra Civil.

Y mientras los del “bando nacional” pudieron ser localizados y enterrados dignamente (no conozco ningún caso de alguien de derechas que tenga familiares todavía desaparecidos), aún sigue habiendo miles de víctimas del “bando republicano” que siguen desparecidas, sin que se hayan encontrado sus restos y con el Gobierno Rajoy suprimiendo o reduciendo a calderilla subvenciones para ONGs que buscan a estos desaparecidos.

Federico García Lorca se convirtió en símbolo mundialmente famoso de estos desaparecidos, además de que su muerte ayudó mucho a la difusión de su obra por el planeta. Sé que en la derecha española parecen lamentar que mientras Lorca, Antonio Machado y Miguel Hernández, los tres muertos de maneras distintas pero similares (fusilamiento, exilio o malos tratos) tienen su carisma y su recuerdo bien alto, otros poetas como Manuel Machado (hermano de Antonio y franquista convencido, llamado por estos “Machado el Bueno”) o José María Pemán (autor asimismo de una letra para el himno español que duró pocos años) están hoy en día casi olvidados, pero se olvidan de que el franquismo no trajo para España nada más que aislamiento, refugiarse en un mundo paralelo más digno de “Poltergeist” que de un país moderno.

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El carisma mundial de Lorca también trajo consigo de que mucha gente interesada por España sólo quisiera verla si era según la descripción del poeta, no la España posterior ni tampoco la actual. Pero era algo que Federico supo ver como nadie, además de que no era ningún paleto de pueblo, viajó mucho y pudo conocer culturas extranjeras, como sus famosos viajes a Nueva York. De cada sitio cogió algo que se le quedó en su estilo.

Todavía recuerdo la indignante diatriba de Francisco Marhuenda en La Sexta Noche al recordar cómo se afrontó en Francia el final de la Francia de Vichy: “En Francia, De Gaulle metió en la cárcel a Pétain y mató a Laval”. Como si quisiera dignificar a Franco, presentándolo como un santo ante De Gaulle, para él un asesino “que mató a Laval”. Ya conté aquí que Pierre Laval fue un político fanático simpatizante de la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler, que mandó a miles de judíos franceses a los campos de exterminio, mandó ejecutar a gente de la Resistencia francesa y mandó asimismo a compatriotas suyos a las fábricas alemanas en régimen de esclavitud.

Si no hubiera sido fusilado Laval, Israel le hubiera hecho justicia a su manera, como hizo en 1961 con el nazi Adolf Eichmann. En Francia hubieran hecho justicia a Lorca en poco tiempo, sólo el FN se hubiera opuesto.