Es bien sabido por todos quienes me conocen que yo tengo tres grandes pasiones en la vida. En primer lugar está mi chico, el amor de mi vida, seguido del mundo de la escritura, mi vocación, y finalmente una infinita variedad de ropa, zapatos, bolsos y demás accesorios. No hay una explicación para eso, simplemente pierdo la cabeza cuando me encuentro frente esas sandalias azules de piel con taconazo y plataforma exhibidas en el escaparate de una tienda. Y cuando mi mirada se centra en una prenda en particular Dios sabe que no paro hasta conseguirla. 

Por otro lado está el gran dilema de LAS REBAJAS. Suelo pasear por mis tiendas favoritas justo el día antes del Gran Día para echarles el ojo a mis presas.

Sin embargo, al entrar a por todas el día de la fecha señalada, una sensación de impotencia me ataca al descubrir que en una simple noche el orden que tan rigurosamente había memorizado se ha hecho trizas, que las presas a las que les había echado el ojo han desaparecido y que solamente un rinconcito en la esquina reúne las prendas rebajadas, fuera de temporada y muchas veces manchadas por el carmín de alguna descuidada. Y mis esperanzas y ánimos se vienen abajo mientras que mi entusiasmo por arrasar en las tiendas se reduce a la nada. 

Estoy segura de que todas estaréis de acuerdo conmigo en eso. Pero, ¿qué hay de ese especial y casi mágico momento en el que encuentras precisamente eso que llevas deseando tanto tiempo y que, además, está A MITAD DE PRECIO? Debo confesar que este año me siento orgullosa, puesto que solo perseguía, en particular, un par de sandalias de Zara que me robaron el corazón en la temporada de primavera.

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En su momento las dejé pasar, pensando que tal vez estarían rebajadas en julio y ya os podréis imaginar mi euforia cuando las adquirí por la mitad de su precio original. Aún no me las he puesto pero... ya habrá ocasión. Siempre hay ocasión cuando se trata de algo así.

La mejor sensación es, sin duda, cuando vas a dar una vuelta sin ninguna idea concreta en la cabeza, porque todos sabemos que la maldita Ley de Murphy siempre se cumple y que si buscas algo en particular NUNCA lo encontrarás, aunque busques debajo de las piedras. Así, como de la nada, de repente, puedes encontrar algo perfecto, algo que de pronto sabes que lo necesitas aunque jamás lo habías pensado. Es algo así como un flechazo. 

Y que nadie trate de entender la relación entre una mujer y su armario, puesto que es total y absolutamente incomprensible, sobretodo para los hombres. Aunque no todas somos 'adictas' a las compras, puesto que siempre hay la excepción que confirma la regla. NUNCA hay que generalizar.

Así pues, voy a buscar un par de zapatos nuevos porque una mujer JAMÁS tiene DEMASIADOS zapatos.